Ya quisieran para sí muchos pueblos las actividades culturales, lúdicas, sociales, que se organizan en la prisión de Castellón II. Ayer fue el artista Juan Ripollés quien ilustró a los presos cómo pintar un gran mural. Las paredes de hormigón gris de la cárcel comenzaron a tomar color. Y es que Juan Ripollés les dio «libertad creativa» al grupo de treinta internos que se sumó a la clase. No es la primera vez que Ripollés «entra entre rejas» para compartir una clase práctica con los presos. Salvador, uno de los participantes en el taller, apuntó que el arte «me sirve para evadirme de algunos vicios como el alcohol o las drogas». El mural tenía un aire marino con figuras alegóricas a unas vistas que poco tienen que ver con las que se divisan desde las celdas.
La directora del centro, Ana Acosta, destacó el valor que supone el contacto entre los presos y artistas de primer nivel como Joan Ripollés.
La actividad social que se ha generado en torno a la prisión y la sociedad de Albocàsser está creciendo notablemente. Numerosos vecinos de la localidad son voluntarios en las diferentes actividades.