Era jueves, aún lejano el desenlace del Castellón dos l´Hospitalet uno, pero Casuco ya había comenzado su partido. En una acción del entrenamiento Luismi Loro robó un balón a Mamady Dianga, que reaccionó tumbando a su compañero, que rodó por el césped de la Ciudad Deportiva. «¡Mamady, no quiero más agarrones, ayer te cargaste a uno!», le gritó el míster. ¿A quién? A Héctor Simón, que el miércoles tuvo otro choque similar con el francés, que le costó cinco puntos de sutura en la barbilla. De susto en susto, Mamady se ganó el toque de su entrenador. Casuco sabía a quiénes protegía: a los principales protagonistas del dichoso renacer del Club Deportivo.
Porque el Castellón anda pobre de tesoros, pero custodia dos joyas: una, en la bota izquierda de Luismi Loro; otra, en la brújula de finura de Héctor Simón. No hay jugadores más insustituibles ni decisivos en la plantilla, y pocos encontraríamos, con radar, en el resto de la categoría. En un escalón competitivo en el que escasean los futbolistas capaces de ganar partidos, Loro es una bestia en extinción, encargado en los últimos tiempos de iluminar la senda alegre que ha encontrado la escuadra de Casuco. Simón, por contra, ha concretado sus funciones, ha ganado peso en la circulación y no es casual que el colectivo parezca más sereno, menos disperso.
Los dos, además, son las llaves que abren el baúl de los deseos en la capital materia de la pelota parada, y cada vez memorizan más mecanismos en el juego corrido. Hace quince días, Loro sembró la victoria con un libre directo escurridizo y picudo y, hace ocho, repitió con un latigazo desde la frontal. Ayer, porque siempre suma, de una manera y otra, de su pie izquierdo nació el peligro más madrugador. Primero, el gol del uno a cero, cuando sirvió la falta combada que nadie acertó a despejar, y que cazó Fernando Béjar para batir a Craviotto desde cerca. Y después, rondando la media hora, cuando aplicó la estrategia para encontrar, de nuevo, a Béjar en posición favorable. El albinegro acomodó bien de pecho para acentuar la ventaja pero, esta vez, no acertó con el marco visitante.
Simón, por su parte, apareció en el momento crítico de la contienda, tras el empate de l´Hospitalet, avanzado el segundo tiempo, bajo el murmullo ansioso de la grada y ya sin el compinche Loro, que jugó mermado por un traumatismo en las cervicales y fue sustituido en el descanso. En el minuto 71, cuando Dennis forzó una de sus faltas en el pico izquierdo del área, Héctor Simón se reivindicó como lanzador y, de paso, como líder. Resumiendo, clavó la pelota en la escuadra.
Sea como fuere, el partido dejó un aviso para los albinegros. Porque al Castellón le tentó, con la inercia ganada por el gol tempranero, una excusa para el ahorro. La abrazó. Algo tibio, trató de administrar la renta, midiendo subidas de los laterales, sin alegrías en territorios comprometidos ni especial interés por alcanzar el segundo tanto. A cambio, la noche iba siendo plácida para Rangel, excepto en el arranque del segundo acto, en el que un mal cruce de Castillo y un resbalón de Toño dejaron a Corominas solo ante el portero. Rangel se agigantó, tapando ángulos, y taponó el intento de vaselina pero, al poco, se ensombreció al reaccionar tarde ante un disparo lejano de Pitu.
Ahí, en el brete del empate, el Castellón replicó sin dudar, con el espíritu que otras veces echó en falta, convirtió la concesión en virtud postrera y no se quitó la portería rival de la cabeza para subrayar, con merecida victoria, el guión feliz de la nueva dinámica.