J. M. BORT VALENCIA
La cuerda que une al ex presidente del Valencia, Vicente Soriano, con la misteriosa empresa Dalport Inversiones SA dejó de ser ayer tan tensa como parecía. Como un delantero rápido y con visión detallada del espacio, el ex dirigente se desmarcó ayer, por primera vez, de la sociedad uruguaya que compró la mayoría accionarial del Valencia y de la que es portavoz. Lo hizo, curiosamente, el día antes del fin del plazo que tiene Dalport para hacer efectivos los pagarés, por valor de 200 millones de euros, que le confirmen como empresa propietaria del club. "Yo no puedo responder. preguntadles a Dalport. ¿Qué voy a decir yo?",se limitó a contestar el ex dirigente a este periódico.
Veintitrés días después de presentar en público a la sociedad uruguaya, la paciencia de Soriano comienza a agotarse. Ya no puede más. El peso de las obligaciones financieras de Dalport, de la que ha sido un cómplice fiel hasta ahora, comienza a hacerle mella en su vida personal. No aguanta las preguntas de la gente que le para por la calle y menos las de los periodistas. No le quedan coartadas para justificar la invisibilidad de la empresa que dirige Víctor Vicente Bravo, del que empieza a sentirse traicionado. Desde el pasado 6 de julio, cuando Soriano dio la cara por la inversora en el Hotel Westin de Valencia, todo han sido promesas, pero ningún hecho cumplido.
Las acciones vuelven a sus dueños
El primer compromiso quedará, salvo sorpresas mayúscula, incumplido a las 12 de esta noche. Es la hora en la que expira el plazo para que Dalport haga aparecer 200 millones. Consciente del callejón sin salida en el que se encuentra desde hace días, Soriano trató el martes de variar el rumbo de los acontecimientos. Negó, tras encontrarse con Vicente Silla -el hombre que reunió el resto de acciones que faltaban para completar el paquete mayoritario- que el plazo no terminaba hoy jueves. El contrato privado en el que aparece la fecha de hoy como tope para el vencimiento de los pagarés, revelado ayer por el diario El Mundo, tiraba por tierra las afirmaciones de Soriano, el hombre que aseguró que Dalport llegaba a Valencia con 500 millones bajo el brazo y convertiría a la entidad de Mestalla "en uno de los clubes más ricos de Europa".
Las señales negativas transmitidas por la sociedad de la que Soriano es apoderado han puesto en guardia a Vicente Silla y los accionistas que decidieron "entregarles" sus títulos. El ex consejero admitió el miércoles que carece de "garantías de cobro" de los pagarés. Si el pago no materializa hoy, los vendedores recuperarían sus títulos. Se trata del propio Silla, de Vicente Alegre, Arturo Tuzón, Carlo Cicchella, José Peris Frígola y Vicente Cuquerella.Entre todos suman más de seis mil acciones, aunque el propio Silla asegura que hay más títulos en su poder. Desde el Valencia, mientras, se apuesta por el silencio. "Nosotros estamos muy tranquilos y sabemos lo que tenemos que hacer: seguir trabajando en el plan de viabilidad para salvar el club", aseguraba ayer un consejero.
La empresa uruguaya alarga los plazos
Una vez conocida la postura de Soriano respecto a su fiabilidad con Dalport, desde el entorno de la sociedad uruguaya se transmitió ayer la idea de que hay tiempo hasta el 4 de octubre para pagar las acciones. Una información que fue tomada con muy poca credibilidad por alguno de los ex consejeros que donó sus acciones a Vicente Silla. "¿Cómo se explica que una empresa que promete aportar 500 millones de euros al Valencia se espera hasta el último día para hacer efectivos los pagarés?", "¿Por qué alarga el plazo hasta octubre si ya se habrá completado, supuestamente, la ampliación de capital?" Estas eran las dos grandes preguntas que se hacían anoche algunos de los implicados en la venta de títulos. El 21 de agosto es el único plazo oficial para Dalport. Antes de ese día, tendrá que pagar 46 millones para no perder el control accionarial. Mientras, el Valencia necesita la entrada de un gran capitalista en segunda ronda.