PACO CERDÀ GENOVÉS
El cazador ha vuelto a ser cazado. Unos desconocidos atacaron ayer de madrugada el radar instalado en la carretera de Xàtiva a Genovés, que ha multado a medio millar de conductores de esta última localidad en dos meses. Los vándalos inutilizaron el equipo medidor al pintar con spray de color rosa fosforito los dos cristales protectores de la cabina, que resguardan el flash y la cámara que fotografía a los conductores cuando superan la velocidad permitida. Además, los autores del sabotaje quisieron dejar escrito un mensaje insultante dirigido a los instaladores del aparato: "Hijos de puta".
Se trata del segundo ataque que sufre el polémico radar. El primero (con pintura y rotura de cristales incluida) tuvo lugar a principios de agosto, cuando empezaron a llegar en tromba las primeras denuncias a Genovés, de 2.800 habitantes. En pocos días, el radar fue reparado por la Jefatura Provincial de Tráfico y volvió a funcionar.
Este nuevo acto de sabotaje se produce el primer festivo después de que este diario adelantara el escándalo desatado en el pequeño municipio de la Costera y, acto seguido, se hicieran eco varias televisiones de ámbito local, autonómico y nacional. Los daños se ocasionaron entre la una de la madrugada y las ocho de la mañana del domingo. La pintura usada para inutilizar el aparato es del mismo color que la vez anterior, lo que lleva a pensar que podría tratarse de los mismos autores.
La Jefatura Provincial de Tráfico no pudo precisar ayer cuándo se reparará el radar y podrá entrar en funcionamiento. Pero todo parece indicar que se ha iniciado una ola de acción-reacción difícil de atajar. En Genovés es enorme la animadversión al radar activado a tres kilómetros del casco urbano. Sobre todo porque hay docenas de vecinos que han recibido cuatro, cinco, seis, siete y hasta 19 denuncias seguidas (según fuentes de Correos) por exceso de velocidad. A cien cada multa, las infracciones han salido muy caras en Genovés.
Se ha reducido la velocidad
Menos caras, sin embargo, que los accidentes que pretende evitar la DGT en este punto. "La prevención de incidentes" en la conocida como curva de la mitja hora -que sigue a la cuesta vigilada por radar- es el argumento utilizado por la jefa provincial de Tráfico para justificar la presencia del medidor. Todos los conductores que utilizan la CV-610 han podido comprobar cómo, a raíz de las denuncias, ha bajado notablemente la velocidad de los vehículos al pasar por este punto.