Alexis Rubert, Vila-real
Aunque el objetivo actual no sea ocupar la primera posición del campeonato, sino permanecer en uno de los cuatro puestos de cabeza, la ilusión por alcanzar el liderato era una realidad desde que finalizó en la noche del sábado el encuentro del Real Madrid, que no pasó del empate ante el Real Murcia.
Con el mismo marcador acabó el partido del Villarreal, que se adelantó pronto en el marcador - apenas disputado el cuarto de hora inicial - , pero no supo mantener la intensidad necesaria co mo para sentenciar el partido cuando podía hacerlo. Se encontró el submarino con una ventaja que no supo conservar. Demasiada presión quizá, muchas faltas del rival permitidas por el árbitro Clos Gómez, un regalo defensivo que acabó en el gol de Negredo y una posterior barrera defensiva del Almería que se convirtió en infranqueable.
Con la motivación de poder alcanzar la primera plaza de la clasificación, el Villarreal comenzó a un buen ritmo de juego, aunque fue el Almería el que creó las ocasiones iniciales. No obstante, a los 13 minutos, Guille controló el cuero en la frontal del área y le dio un pase cruzado y prodigioso a Nihat. El turco, hábil como ninguno a la hora de definir, colocó la pelota por debajo de las piernas del portero Cobeño.
Manuel Pellegrini, entrenador del Villarreal, dispuso un once esperado, con la principal novedad de Viera en sustitución de Diego López, al que se le acabó el ciclo de partidos que le dio el preparador chileno. Otra de las dudas, después de la pausa de la Liga por una larga semana, era saber quién iba a ocupar el carril derecho, si Venta o Ángel, pero fue finalmente el futbolista canario el que actuó desde el inicio.
Le sentó mal el tanto al Almería que se mostró excesivamente contundente en defensa, provocan do que los jugadores amarillos tuvieran que levantar el pie para no seguir los pasos de Josico. Clos Gómez se mostraba extrañamente permisivo, circunstancia que indignaba al respetable, que pasó a divertirse con los resultados que ofrecía el marcador electrónico dada la ventaja mínima del equipo.
Y es que el último cuarto de ho ra de esta mitad fue más que aburrido. El Villarreal por razones desconocidas bajó el pistón de forma notable y alimentó las ilusiones del rival, algo que no podía suceder si se quería lograr el primer puesto. El gol de Nihat fue celebrado como el de una mismísima final, pero después el equipo se confió, pensó que tenía controlado al rival y ahí se fraguó la lógica decepción del final del partido.
Entre bostezos, frío y deseos de mejora se llegó al descanso, que arrojaba una mínima ventaja de los locales a la espera de ver si los andaluces eran capaces de mantener la intensidad de la primera parte del partido.
Casi nada más comenzar el período decisivo, el Almería empató el encuentro, dando emoción a un partido flojo, soso y con demasiadas faltas por parte andaluza. El submarino no estaba con la intensidad necesaria y un balón colgado al área de Viera lo remató en so litario Negredo, que no perdonó en la primera acción clara de que dispuso. Tantas facilidades se dan a los adversarios en El Madri gal que resulta imposible que los visitantes no creen dificultades, ocupen los primeros puestos o la parte baja de la clasificación.
El Almería se creció con el tanto logrado en el comienzo de la segunda mitad. El Villarreal le concedió demasiados metros y acabó perdiendo la ventaja que poseía, aunque realmente perdió mucho más porque el submarino cayó en una fase de hipernerviosismo que le impidió llegar con criterio a la portería de Cobeño. Toda la inteligencia y tranquilidad evidenciada ante el Sevilla brillo por su ausencia ante el Almería.
Los andaluces montaron un autobús del tamaño de un tráiler en su parcela, conscientes de que un empate les servía, aunque eso no significase renunciar al ataque. Contó la Unión Deportiva con el beneplácito del árbitro a la hora de cometer faltas. Las del Villarreal eran sancionadas rápidamen te con cartulina amarilla, las del Almería acababan en un «sigan, sigan» que crispó a los aficionados locales y a los propios jugadores.
Con la entrada de Matías, Cani y Tomasson, Pellegrini trató de buscar una solución a un partido que se le había atascado al Villarreal. Se aumentó la intensidad, el ritmo, se puso garra y las llegadas al área del rival fueron más constantes, pero era tarde. El trabajo debió hacerse en el primer tiempo, con el marcador a favor. El submarino fue un quiero y no puedo en estos minutos finales. ¿Drama Ninguno. El equipo sigue ocupan do la segunda posición de la tabla y lo único que hay que lamentar es la ocasión perdida de ayer. Se falló, pero también se aprende de los errores.