el sardinero

Ni rastro del «efecto Koeman» (1-0)

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Ni rastro del «efecto Koeman» (1-0)
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La dosis de testosterona propuesta por Koeman no le sirvió ayer al Valencia para calmar sus males en un partido en el que sacó relucir su grandes limitaciones de esta temporada: la falta de profundidad en el juego y, lo que es peor, una preocupante falta de autoestima colectiva. Justo los dos elementos sobre los que se construyen los equipos de fútbol y en los que tendrá que trabajar a fondo el entrenador holandés.

J. M. Bort

El Valencia se encontró en Santander con el escenario esperado: un rival resguardado atrás, ordenado y con el contraataque como única ambición ofensiva. El examen perfecto para los nuevos tiempos que le toca vivir al conjunto de Mestalla, al que Koeman trata de implantarle un nuevo estilo basado, principalmente, en el dominio del espacio.
Se esperaba,consecuentemen te, que el Valencia se plantara en el campo con los pies pegados al césped y centrado en la posesión del balón, como si tuviera la necesidad de ir a por la pelota con determinación nada más escuchar el pitido inicial. Pero le faltó aplicar el esfuerzo y el compromiso que se esperan de un equipo «grande». Y eso que no pintaba mal el partido desde la alineación del Valencia, en la que aparecían dos futbolistas idóneos para el fútbol que pretende implantar el holandés. El holandés dio entrada al discutible Fernandes para armar el centro del campo y al recuperado Vicente en la izquierda, mientras que en la banda derecha dejó un mensaje para Joaquín al alinear a Angulo, un jugador menos alegre en el regate que el andaluz pero con un talante más mesurado en la administración de la pelota.
Bien agrupado el Racing, el Valencia tanteó los posibles caminos de entrada al área rival hasta que lo descubrió. Había que ir por la izquierda, donde Koeman puede formar una pareja de lujo. El reactivado Vicente formó conexión con Silva y ambos comenzaron pronto a agitar la banda derecha del Racing, donde a Pinillos no le quedó más remedio que frenar a Vicente de mala manera. Hasta que el árbitro, mediada la primera parte, le enseñó la primera tarjeta.
El Valencia entraba bien por el flanco izquierdo, pero el partido exigía otras muchas cosas. Más biorritmos, por ejemplo. De la supuesta intensidad que pide Koeman no hubo novedades. Por dos veces pilló el Racing a la defensa valencianista mirando las musarañas. En una, Tchité se plantó solo ante Cañizares, quien evitó el primer gol aguantando el tipo. «Cañete», más experto y más atento a los movimientos del equipo que Hildebrand, fue el elegido por el holandés.
Intentaba gobernar el Valencia en el campo, pero sus acciones eran siempre muy previsibles. Si no era por la izquierda, de tanto en tanto Miguel ganaba metros por la otra banda para lanzar algún centro perdido al área, donde Villa no encontró ni una sola vez el balón en condiciones. Todo lo que parecía ganar el equipo en la posesión del balón lo perdía en verticalidad. Tanta superficilidad impidió al Valencia crear ocasiones de gol. Ni una en todo el primer tiempo por dos del Racing. De Fernandes no hubo buenas ni malas noticias. Fue, de nuevo, un futbolista invisible.
El Racing comenzó el segundo tiempo más animado, consciente de que podía hacerle daño al rival con un poco más de energía. El hiperactivo Tchité puso en apuros a la defensa de Koeman en los primeros minutos, mientras Duscher lanzaba ahora a su equipo desde un despoblado centro del campo con la anuencia de Koeman.
El partido demandaba tralla para el Valencia y el entrenador holandés reaccionó para dar entrada a Edu, seguramente el futbolista de la plantilla con más ansias de jugar al fútbol. Es lo que hace falta, debió el técnico. Vicente, el mejor del equipo hasta el momento, se retiró sin ningún rasguño al vestuario. Un alivio.
Pese a la entrada de Edu, el Valencia no encontró el norte del partido. El Racing no renunció a su objetivo: mantener bien cubierta la trinchera, presionar en el centro del campo y lanzarse como un loco a la portería rival. Incombustible, el conjunto cántabro sacó premio a su compromiso con el fútbol directo. Tras una clara ocasión de Munitis, salvada por Cañizares en el uno contra uno, Jorge López se preparó el remate y le envió un «plátano» al centro de la portería. El Racing había pasado a dominar la situación con cierta suficiencia ante la desestructuración del Valencia, demasiado expuesto todo el partido a las contras de un grupo con mayor autoestima.
Con veinte minutos para el final, el partido ya no tenía ningún arreglo para el Valencia, que sólo se acercó al gol con un lanzamiento de Caneira. Un bagaje muy pobre para un conjunto que el miércoles apura sus opciones en Europa.

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