23 de septiembre de 2016
23.09.2016

La superficie acristalada de la residencia de Carlet lleva un año sin limpiar

Las exempleadas del servicio han llevado a juicio a la empresa gestora y a la conselleria No han recibido ninguna indemnización por su despido En un mes vence su derecho a trabajar en una nueva adjudicataria

23.09.2016 | 04:27
La superficie acristalada de la residencia de Carlet lleva un año sin limpiar

La residencia de Carlet está a punto de cumplir un año sin servicio de limpieza de cristales. El 31 de octubre de 2015 finalizó el contrato que tenía la empresa Vareser 96 SL y la Conselleria de Políticas Inclusivas no ha convocado, por el momento, ningún concurso público para readjudicarlo. Esta situación ha dejado cerca de 19.000 m2 de vidrio por limpiar y a cinco empleadas locales en una situación laboral delicada. Las trabajadoras, de hecho, tienen pendiente un juicio el 13 de octubre contra la empresa por despido improcedente y contra la dirección territorial de Igualdad y Políticas Inclusivas.

Ni una empresa, ni un trabajador. Nadie se ha encargado de la limpieza de los cristales de la residencia de Carlet en casi un año. Vareser 96 SL finalizó su contrato. Las consecuencias son visibles, no en todos lados pero sí en buena parte de la superficie acristalada. La situación acabó por trascender. El PP de Carlet presentó este verano una moción en el ayuntamiento en la que instaba a la alcaldesa, Mª Josep Ortega (Compromís), a «exigir a las Corts Valencianas y a la Conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas que realizase gestiones de manera urgente para retomar el servicio e integrar a las trabajadoras de Carlet».

La urgencia venía dada porque éstas tenían un derecho de subrogación que caduca al año, lo que les ha supuesto una gran cantidad de problemas desde el primer día, empezando por su despido: «Nos avisaron de que el contrato finalizaba el 31 de octubre con apenas tres días de antelación, nos dijeron que estaríamos en paro unos cinco meses y que con la llegada de una nueva empresa volveríamos a trabajar», relata una de las cinco antiguas empleadas del servicio de limpieza. Al intentar apuntarse al paro, no pudieron oficializar su nueva situación laboral ya que figuraban como contratadas: «Estuvimos varios meses sin poder cobrar la prestación por desempleo porque como teníamos derecho a subrogación no podían incluirnos como desempleadas».

La única salida que les quedaba era denunciar ante la Justicia lo que estaba ocurriendo: «Teníamos que renunciar a nuestro derecho de subrogación para poder cobrar el paro, lo que para nosotras habría significado perderlo todo; no nos habían indemnizado por el despido y todo eran falsas promesas para el futuro y un montón de excusas». De hecho, esta exempleada recuerda la visita que la vicepresidenta Oltra realizó las pasadas navidades a la residencia, donde acudieron para relatarle su situación: «Nos dijo que estaba todo preparado para la nueva subasta y que estuviéramos tranquilas, pero el tiempo ha pasado y nosotras seguimos en la calle por su culpa, de esto no se puede culpar al PP».

El juicio se celebrará en pocas semanas, aunque ya no albergan esperanzas: «Lo hemos pasado muy mal, pero ahora ya lo damos todo por perdido, en poco más de un mes no tendremos nuestro derecho a continuar trabajando con otra empresa y, si en un año no han movido un dedo por nosotras, en este mes seguro que no arreglan nada», lamenta la exempleada y vecina de Carlet.

Según relata la antigua limpiadora de la residencia, las ventanas y los cristales no eran sus únicas labores en el centro para mayores: «Yo he estado allí diez años y hemos hecho casi de todo, he cosido cortinas, hemos cambiado camas, hemos limpiado sillas de ruedas, hemos ayudado con los registros de objetos personales a la entrada de nuevos internos y otras cosas que no nos tocaba hacer, pero ayudábamos porque estábamos a gusto y al final nos han tratado así de mal», sentencia. El juicio (con su posible indemnización) es, por tanto, el único clavo al que agarrarse e intentar mitigar los efectos de este año marcado por dificultades económicas, ya que en su mayoría son madres separadas y se han visto privadas de trabajo todo este tiempo.

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