La Sueca que retrató su más insigne escritor

15.06.2017 | 10:06
La Sueca que retrató su más insigne escritor

Hablar de Joan Fuster es referirse a Sueca. Ineludiblemente. El autor fue fiel a su localidad y en su literatura diversa se encuentran siempre referencias a su pueblo, a su hogar en el que encontró su espacio de creación. Fue desde allí desde donde configuró un pensamiento original al que se adhirió después la democracia valenciana, vinculando todos los partidos y asociaciones las ansias de nuevos tiempos y cambios a las reivindicaciones autonomistas. Sin embargo, muchos de los autores que han reinterpretado una vez más al escritor de Sueca este año (a propósito del veinticinco aniversario de su fallecimiento) insisten en que Fuster fue mucho más que un analista político y que su máximo potencial se distribuye por un sinfín de modalidades literarias. Son en ellas en las que se hayan algunas de las referencias más significativas sobre Sueca.
A principios de los años cincuenta (exactamente en 1952) ya se pueden observar en sus escritos referencias a la localidad ribereña, exactamente a propósito del fútbol, o más bien de su desinterés del ya por entonces (y todavía ahora) deporte rey. Fuster afirmaba: «He tornat a Sueca, i escric aquest article. Aquesta tarda, el Barcelona i el València s´han disputat els punts de la jornada. La ràdio informa que han empatat. Sóc incapaç d´apreciar els avantatges, per al València o per al Barcelona, de la peripècia. Ho lamente. Des d´un punt de vista profà i primari, m´hauria estimat més que hagués guanyat el Sueca». Lo recoge Isidre Crespo en la recopilación de artículos que ha venido a llamarse «Raons i paraules». No era de extrañar la voluntad y el conocimiento por entonces de Fuster pues de aquella cantera del Sueca saldrían históricos jugadores, muchos de los cuales fueron formados futbolísticamente por José Mahiques. De entre todos destacó sobremanera Antonio Puchades, quien llegó a ser un fijo en el Valencia CF y en la selección española y fue nombrado mejor centrocampista del mundial de Brasil en 1950. Años después se adentraba Fuster en la política para introducir el asunto identitario. Según ha recogido ahora Xavier Aliaga en su
recopilación de artículos, era 1966 cuando afirmaba: «En mi pueblo, Sueca, no hay lugar a engaños: sabemos quién es de derechas y quién es de izquierdas. En el pueblo de cada cual, la cosa es clara. En Madrid, pueblo de los madrileños, deben saber de qué lado caen Fernández Mora, Don Roberto Reyes... Pero los líos municipales de Madrid, vistos desde Sueca, resultan un poco grotescos. Serían grotescos del todo si no dependisen de ellos, de esos líos precisamente, la escuela, la contribución, el telediario, los tratados internacionales de comercio, el seguro de enfermedad...»
Dos años después, a través de la prestigiosa revista «Destino» realizaba una descripción de su municipio: «Sueca es un pueblo de veinte mil personas,, de trazado lineal y plano. Las casas tienen una tonalidad a veces arcillosa, de pared recocida por el sol. Hay polvo, ruido y esa aguda y opulenta sensación de vitalidad que desprende la Valencia costera: en una mujer colorada, de ancas poderosas y pecho ubérrimo; en los niños carirredondos que corren y gritan, sudorosos, la mirada encendida; en este corro de hombres, al atardecer, que hablan y manotean, exaltados; en el movimiento y el ruido humano de Sueca existe un potencial físico realmente denso y activo». Incluso la noche suecana fue protagonista de los escritos de Fuster. «Als meus anys, que voregen els seixanta, què faig jo en una discoteca, ni que siga la Nit de Cap d´Any? La discoteca és una institució nova, recent, que la gent de la meua generació no ha conegut, o només l´ha coneguda «després». I el cas és que, sense saber ben bé per què, allà m´hi vaig trobar. La discoteca «El Molí», a Sueca, és un lloc animat, afable i interclassista. La clientela semblava divertir-se molt. Hi fluïa una música de moda, escandalosa, reiterativa. Jo vaig beure el meu whisky habitual, però una gran part de la clientela absorbia barreges de líquids carbònics i una mica d´alcohol, que són consumicions barates.
M´induïren a ballar, i els meus ossos ancians s´hi resistiren. I no solament els ossos. Per allà circulaven, gimnàsticament, una sèrie de criatures delicioses. (...) L´adolescència saltarina d´«El Molí» era un objecte de meditació. Són de dretes, són d´esquerres? La pregunta val per a totes les discoteques del món. Als divuit anys, amb el pubis pelut, tothom té dret a votar? I jo, miserablement trist en la discoteca, pensava: i a qui votaran aquestes criatures?».

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