20 de marzo de 2016
20.03.2016

predicar con el ejemplo

19.03.2016 | 23:10
predicar con el ejemplo

En una etapa política como la que estamos viviendo, el bipartidismo se tambalea por la irrupción de nuevos partidos, los cuales anhelan hacerse un hueco en el panorama nacional, autonómico y/o local, demostrando que quieren enterrar los vicios del bipartidismo tanto del pasado, como del presente, utilizando como palabra de moda «regeneración» para que cale en el subconsciente de la población y se apueste decididamente por ello.

Pero ¿qué significa «regeneración»? En su primera definición el diccionario de la RAE dice que regenerar es «Poner una cosa deteriorada o gastada en buen estado», y en la segunda «Hacer que una persona abandone hábitos o conductas que se consideran perjudiciales moralmente»

Pues bien, por todo lo que estamos viendo y leyendo en medios de comunicación, nuestra clase política está verdaderamente «deteriorada» e incluso me atrevería a decir en decadencia, por todos aquellos casos que nos inundan semana tras semana, que avergüenzan a cualquiera que sepa lo que cuesta ganar un euro con el sudor de su frente.

Nos encontramos como algo habitual tener líderes puestos a dedo, puertas giratorias, sueldos desorbitados en alcaldías superiores incluso al Presidente del Gobierno, la inclusión de políticos en puestos de administración de las Cajas de Ahorro, enchufismos, en definitiva, hábitos y conductas impropias de un servidor del Ciudadano.

Ciudadanos propone una «regeneración» de la política y del político; pero mira por donde, no se puede ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro.

Estos días hemos visto noticias al respecto del partido, como el caso de Eva Borox, número 3 de C's de la Asamblea de Madrid, donde presuntamente está implicada en la trama 'Púnica' por llegar con mochila y pasado a nuestras filas. Me extraña que para otros partidos se exija contundencia y en el nuestro se actúe con tibieza cuando de lo que se trata es de predicar con el ejemplo.

En este caso, ella ha optado por apartarse de la primera línea de la política para no perjudicar al partido, no sabemos si «invitada» a hacerlo, o espero haya sido por voluntad propia, cosa que la dignificaría y por la que muchos otros que están desde hace meses en los medios de comunicación, deberían seguir su camino.

No podemos abanderar según qué medidas para convencer a la hastiada ciudadanía, si a las primeras de cambio nos pueden colorear la cara. De ello depende la consolidación de nuestro partido a largo plazo y que no sea flor de una legislatura.

Gran parte de la consolidación del proyecto, debe venir de aquellos que aterrizan con ilusión en la política, puesto que aquellos que tienen pasado, vengan del partido que vengan, y no hicieron bien las cosas, van a ser objeto por parte de otras formaciones de la crítica más feroz.

Si se ha hecho todo al servicio del ciudadano y no para servirse del mismo, nunca va a ser perjudicial pertenecer a un proyecto que, en su esencia, busca la sensatez, la honradez y el trabajar de manera transparente para mejorar la vida del ciudadano.

Es el momento del político sensato, que sabe escuchar y debatir, que antepone los intereses de todos sin mirar la afiliación y a su propio ombligo. Es el momento del político que discrepe internamente de manera positiva, si las cosas no se hacen bien, si se deja de mirar por el ciudadano, ese gran olvidado del que sólo se acuerdan cuando llegan las elecciones.

Porque estoy seguro que Diana Morant habrá discrepado con Orengo, o que Laura Morant habrá discrepado con Lorena Milvaques, o que Vicent Gregori habrá discrepado con Víctor Soler, hablando en clave local y para que todos me entiendan.

¿Desde cuándo la discrepancia interna, si sirve para sumar y para hacer un poquito mejor la vida de los ciudadanos en contrapartida a los intereses de los partidos, es negativa? Pienso que nunca y pienso que es importante predicar con el ejemplo, que es lo que nos hará dignos y por lo que se sentirán orgullosos nuestros votantes.

Para entender la tan necesaria «regeneración» ha de venir más bien de la «actitud», también de la aptitud, del deseo y ganas de cambiar la política y al político. Como he intentado explicar en este artículo, en la política actual hay muchos vicios adquiridos y necesitamos desprendernos de éstos.

No hay que olvidar que lo que se ha hecho hasta ahora, es lo que nos ha llevado a dónde estamos, y donde estamos no es donde queremos estar. Nuestra forma de hacer política está enferma y la cura pasa por regenerarla, abandonar malos hábitos y conductas de los que la practican.

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