06 de mayo de 2016
06.05.2016

Pingüinos en el consistorio

05.05.2016 | 23:47
Pingüinos en el consistorio

Parece inminente la publicación de una novela sobre la situación política de la ciudad. Se rumorea que el título será «Manual para la Sodomización del Prójimo» del autor local, filósofo impertinente y tan genial como desconocido Solomon del Jardinet.

En una de sus múltiples intervenciones acodado en la barra de un bar, a punto de dar cumplida cuenta de una cazalla, paquete de tabaco arrugado, bigote amarillo por el efecto de la nicotina y lamparón de aceite sobre una camisa beige que vivió tiempos mejores, dijo: Cuando alguien te coge los huevos, es para apretarlos.

Es cierto que podría haberlo expresado de forma más sutil pero ni el público estaba para sutilidades ni su cerebro, embotado de cazalla, estaba para usar con delicadeza el noble arte de la esgrima verbal.

El pensamiento no cayó en saco roto y un periodista asistente, contertulio y parroquiano del mismo bar, le pidió una entrevista que sería publicada en la excelsa revista mensual El Fallero Cazallero.

En dicha entrevista, a la pregunta de cómo veía la política local, Solomon dio una inconexa respuesta donde palabras como mierda, absurda, patética, pobreza moral, ética (o etílica que no quedó claro entre tanto balbuceo) y otras expresiones malsonantes, que no citaré.

En otra de sus agudas respuestas, que no tenía nada que ver con la pregunta que el periodista efectuó, dejó caer la perla de la publicación de su novela, lo cual despertó el interés del editor de la revista Libros para el wáter que le llamó para realizar una entrevista telefónica.

Tras tres intentos de llevarla a cabo, habló de su novela: Los personajes conforman un amplio espectro que va desde el tonto del pueblo al que el azar le confiere un inmerecido poder que lo convierte en poseedor de un fusil, hasta el que maneja los hilos desde la sombra velando siempre por sus intereses. La casualidad ha querido que el primero se llame Ciro.

Pero puntualiza que todo está basado en hechos ficticios, pues no concibe a nadie tan inepto, incapaz, interesado, voluble y, sobre todo, carente de los principios que cacarea. Lo que más le jode, añade Solomon, es que tendrán que compartir una eternidad en el infierno con dicho personaje; Ciro por mentiroso y Solomon por descreído.

¿Y el segundo? –Continúa interrogando el periodista.

Póngale usted el nombre de cualquiera que le pague un café.

La entrevista continúa con el periodista haciéndole preguntas sobre sus influencias literarias; Perez-Reverte, Vargas Llosa, Belén Esteban o Vázquez Montalbán. No sé de quién me habla. Soy el primer caso en la historia de la literatura en que el primer libro que escribo es también el primero que leo.

Siguen hablando de la novela. El personaje de la alcaldesa, evidentemente, también es ficticio. Nadie se imagina que quien ocupa un cargo como ese y el resto de sus concejales vayan por los pasillos del ayuntamiento con los pantalones bajados y caminando como pingüinos hacia el despacho de Ciro. No tengo tanta imaginación.

Quizá no tenga tanta imaginación pero no es posible desprenderse de la poderosa imagen que aparece en la novela de Ciro desnudo delante del espejo recitando rituales, rancias y antiguas palabras «To-rró, Bar-ber, Es-co-la-no» mientras pinta con kétchup en el espejo la palabra Regeneración.

La novela no tiene desperdicio y tanto las hojas como las tapas pueden usarse como más les guste a los lectores –exacto, en eso que están pensando también– pero el ritmo trepidante del cambio de opinión de su protagonista, su falta de criterio y su falta de capacidad para aquello que no sea desfilar en Semana Santa pueden parecer exagerados.

A modo de sinopsis decir que la novela arranca con la denuncia de una turbia concesión para la gestión de un polideportivo, continúa con el cese de quien hizo tal denuncia, da paso a una moción de censura con cambio de gobierno y finaliza con un paisaje post-apocalíptico en una calle desierta donde los asesores cesados ríen y gritan: «os avisamos, os avisamos» mientras nadie les escucha, no quieren escuchar o prefieren seguir anadeando como pingüinos por los pasillos del ayuntamiento.

Todo ficción.

PD: A diferencia de otros libros, los personajes que forman parte de este artículo son reales, y el autor espera que ciertas situaciones no lo sean, al menos que no lo sea la escena del espejo.

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