21 de junio de 2016
21.06.2016
OPINIÓN Rubén Malonda

Unidos podemos, separados estamos

21.06.2016 | 07:53
Unidos podemos, separados estamos

Ciertamente ha sido una proeza el tiempo récord en que este partido ha surgido y llegado a la segunda posición en el tablero terminando con el bipartidismo en cualquiera de sus acepciones. Evidentemente el contexto le ha ayudado, y mucho, pero quizás no todo son logros para el partido de Pablo Iglesias.

Nadie puede negar que ha hecho sus deberes encandilando al electorado harto de las mismas recetas que no terminan de solucionar el problema (imposible) de la crisis económica. Pero quizás ha cometido la irresponsabilidad de alejarse de cualquier tipo de pacto con el resto de partidos políticos. Claro está que su desmedida ambición le lleva a tener como objetivo último ganar y por mayoría absoluta. Como dijo su líder «a mí me molesta enormemente perder, no lo soporto». Y para él ganar es ser presidente, sometiendo a las demás fuerzas. Objetivo, que no podrá cumplir, al menos en estas elecciones.

Y una vez celebradas, la triste realidad es que nadie quiere a Podemos. El Partido Popular por razones ideológicas, el Partido Socialista por razones estratégicas y Ciudadanos por principio constitucional (o eso dicen). El caso es que el éxito de un partido se mide por su capacidad de obtener votos y por su capacidad de formar gobierno. Pero si C's es capaz de pactar con todos, por lo visto Podemos con nadie. Ellos no quieren a C's ni al PP (ni tampoco al PSOE aunque no pueden afirmarlo), pero el verdadero problema no es con quién se atreven a juntarse, sino que nadie les quiere y nadie les espera. Algunos les temen y otros les odian. Pero, todos coinciden en no estar dispuestos a sentarse a su lado.

Llegado a este extremo en el que muchos son capaces de pactar (por necesidad más que por voluntad), Podemos se queda solo. Una soledad que les impedirá llegar a ningún sitio después de tanto esfuerzo. No se trata del voto útil, se trata de la sensatez. Y en este punto, da igual que sea el primero que el último. Dejan de contar para lo que verdaderamente importa en unas elecciones generales, para gobernar el país.

Ante este escenario tan difícil, resulta irónico que Pablo Iglesias se refiera sarcásticamente con frase «La sonrisa del destino» para humillar al PSOE en las últimas elecciones generales cuando la verdadera paradoja es que la crisis económica ha hecho aparecer partidos como Podemos que ofrecen jubilaciones a los 55 años, rentas básicas a los parados y en general un mundo feliz sin tener que trabajar. Si fuera posible todos apoyaríamos a este partido celestial.

Porque, ¿alguien cree que si ya se hubiera terminado la crisis, Podemos tendría la más mínima representación? Al fin y al cabo Podemos es socialismo con luz y agua gratis. Pero el peor error del PSOE ha sido pensar que su enemigo era el Partido Popular cuando estaba siendo devorado por el partido de Pablo Iglesias. Ahora ya es tarde. Las elecciones están aquí y la solución en el infinito.

Situación muy diferente es la que se ha vivido a nivel autonómico y local. Aquí, en la Safor, Podemos no existe, y, es que los partidos emergentes no se han preocupado en buscar líderes locales carismáticos o mínimamente conocidos por la sociedad. La consecuencia se traduce en unos malos resultados a nivel municipal. Líderes que no han ilusionado al electorado aún bajo el paraguas de las siglas. Aunque también menos radicales que Pablo Iglesias que han sido capaces de pactar o facilitar pactos, cosa que a nivel estatal se avecina como un desastre. Y es que se llega más lejos uniendo fuerzas que destruyendo a los adversarios. Porque Iglesias sigue inmerso en una nube tóxica que aleja a los demás. Nube que se mueve con el viento de la crisis económica. Crisis que ha sido el único motivo de la aparición de nacionalismos, populismos y cambios de gobierno que hasta ahora no han solucionado nada. Esperemos que al menos nadie lo empeore aún más.

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