DR. JAVIER GALIANA PERUCHO
Los felices años 20 contribuyeron a presentar el fumar como un hábito eminentemente placentero, idea que empezó a cambiar en la década de los 70, cuando se empezó a considerar la nicotina como una droga. Y, sin embargo, no será hasta 1987 que empiece a acuñarse el término tabaquismo como una adicción seriamente nociva para la salud; la OMS tardará aún cinco años más en definirla. Se considera que la dependencia a la nicotina surge a partir de los diez cigarrillos diarios. En este sentido, el 50% de los fumadores entre veinte y treinta años la padecen. La cifra puede alcanzar hasta el 90% en fumadores mayores de treinta años.
La hoja del tabaco contiene más de 600 componentes, que se pueden dividir, en líneas generales, en dos: agua (que corresponde al 80% del tabaco verde y el 18% del tabaco seco) y materia seca: componentes orgánicos (proteínas, amoníaco, alcaloides, carbohidratos, pectina, resinas, aceitesÉ) y componentes inorgánicos (crono, níquel, plomoÉ)
Mediante procesos de combustión, la temperatura del cigarrillo alcanza temperaturas de más de 800ºC en la punta o zona de ceniza, 400ºC en la zona de carbonización, desde donde va disminuyendo. Por todo ello se ha establecido que existe en un cigarrillo una zona de toxicidad baja que se corresponde con el primer tercio del mismo; la toxicidad va aumentando hasta alcanzar su máximo nivel en el tercer tercio del cigarrillo. La nicotina presenta unos claros efectos negativos sobre el sistema cardiovascular, aparato digestivo, metabolismo y sistema nervioso.