La próxima reforma de la Ley de Medidas Sanitarias frente al tabaquismo, en el sentido de considerar todos los espacios de uso público como libres de humo, no puede recibir otro calificativo que el de adecuada.
Adecuada en su contenido y en el momento, adecuada en el entorno europeo en que nos relacionamos, adecuada en cuanto a una demanda social y adecuada principalmente en cuanto a hacer frente a uno de los mayores problemas de salud pública que tenemos y que podemos y debemos afrontar eficazmente.
Quizás las sociedades científicas hubiesen deseado desde un principio que la ley saliese con este contenido cuando se promulgo en el año 2005, razones había y muchas para ello, desde evidencias científicas del beneficio de una restricción más extensa, hasta el hecho de contextualizarnos más con nuestro entorno.
Así en países como Reino Unido, Irlanda, Lituania y Bulgaria solo se permite fumar al aire libre, sin causar ninguna problemática social.
Las primeras leyes que prohibían fumar en restaurantes surgieron en Nueva York y California en 1995 y los datos económicos del sector de la hostelería en esta zona siguieron progresando positivamente.
En el caso de Irlanda al año siguiente de la promulgación de la ley los ingresos en hostelería aumentaron un 1%.
Nuestra ley nació en un principio, fruto del consenso de los distintos partidos políticos y supuso un antes y un después en el abordaje del grave problema que supone la adicción al tabaco.
Las decisiones políticas suelen ir a remolque de las demandas sociales, pasó ya con esta ley y pasa ahora con la reforma actual.
Previamente a la promulgación de la ley la Administración era conocedora de las encuestas en las que hasta un 75% de la población era partidaria de una regulación sobre el consumo de tabaco. Es decir la ley salio de una demanda social palpable, posiblemente por esta razón fue aceptada sin problemas por la mayoría de la población.
Actualmente el 74% de la población española adulta apoya espacios sin humo en la hostelería. Cerca de 65% de los fumadores también apoya la legislación.
Las separaciones funcionales no protegen a los no fumadores ni a los empleados. Las separaciones físicas mejor diseñadas no protegen tampoco a los trabajadores. En las zonas de NO fumadores la contaminación por partículas finas es tres veces mayor que en la calle y en la de fumadores es de promedio diez veces mayor. Cuando hay salas para fumar, la contaminación por nicotina es de 1.3 a 5,9 microgramos por metro cúbico. Por encima de 2,4 los empleados presentan un riesgo de cáncer de pulmón de 3/10.000. Cuando hay prohibición estricta los niveles son de 0,0 a 0,4 y cuando esta permitido fumar o se incumple de la ley (cosa habitual en España) el nivel de contaminación por nicotina es de 8,6 a 10.0. Eso significa que la presencia de zonas es una invitación clara al incumplimiento y no se garantiza la salud de los clientes ni de los trabajadores.
La única forma de respetar la salud de los trabajadores de la hostelería es que no se fume en ningún local público cerrado.
No debemos olvidar que el humo ambiental del tabaco contiene mas de 4.000 sustancias, de las cuales mas de 40 son cancerígenas, entre ellas nitrosaminas, acroleínas, cadmio, amoniaco, mercurio, etc
Lo que estamos evitando es que otras personas inhalen estas 4.000 sustancias, personas que no han elegido fumar o trabajadores que no están protegidos en su puesto de trabajo como el resto de trabajadores.
Hemos de ser conscientes del problema, todos los días mueren 149 personas relacionadas con el consumo de tabaco, 9 de ellas eran fumadores pasivos, es decir no eligieron fumar y murieron a causa de ello, ¿ no es lo suficientemente importante este problema para afrontarlo?
El fin último de esta reforma, así como de la ley, es promover el abandono del consumo de tabaco, así debemos ver esta ley, el hecho de regular los espacios libres de humo, no persigue restringir derechos , sino más al contrario pretende, por un lado , hacer patente el perjuicio que produce el consumo de tabaco, no solo a los fumadores, sino también a los que los rodean, dejando a la libre elección de cada fumador el fumar o no, y al mismo tiempo, proteger a los no fumadores del humo del tabaco sin olvidar quizás lo más importante que es el disminuir el número de nuevos fumadores que se incorporan a esta adicción.
Nos falta un paso más, facilitar el abandono del consumo en los fumadores al proporcionar la financiación de los tratamientos para ello. Pero con toda seguridad este nuevo paso se va a dar , como los anteriores reformas fruto de una demanda social y por ello justificada e imparable, y esta vez esta nueva reforma será también adecuada y financiada.
Miembro del grupo de Tabaquismo de la Sociedad Valenciana de Medicina Familiar y Comunitaria (SVMFYC)