Técnicas contra el dolor se ensayan con cadáveres

El paciente dosifica con un mando a distancia la intensidad de la corriente eléctrica que requiere cada momento con la estimulación medular

 

P. G. DEL BURGO VALENCIA "Por el método que sea. Nadie tiene que sufrir de dolor porque tenemos las herramientas necesarias para conseguirlo". Así se pronunció el doctor Carlos Tornero, profesor de la Facultad de Medicina y coordinador de la Unidad de Dolor Crónico (Servicio de Anestesiología) del Hospital Clínico de Valencia que ha organizado en Valencia el primer curso de técnicas intervencionistas en dolor crónico junto con especialistas de la Clínica Teknon de Barcelona y el Millennium Pain Center de Chicago.
Las sesiones prácticas se hicieron en la sala de disección anatómica de la Facultad de Medicina, ya que los asistentes realizaron los abordajes de las diferentes técnicas sobre cadáveres., "es la mejor forma de aprender", puntualizó Tornero que agregó que de este modo se pueden incorporar todas las técnicas a la práctica clínica de una forma más racional.
El especialista manifestó que se habían aplicado los tratamientos más vanguardistas: desde infiltraciones a radiofrecuencia y las nuevas técnicas de estimulación medular, que son un tipo de corrientes que se dan alrededor de la médula para erradicar el dolor.
El coordinador explicó que la técnica se apoya en la radiología y la ecografía "para saber hasta donde tenemos que introducir la aguja".
Respecto a la estimulación medular, el doctor Tornero explicó que se coloca un cable cerca de la médula que a su vez está conectado con una batería que se inserta bajo la piel (por regla general el abdomen). El paciente tiene un mando a distancia con el que dosifica la cantidad de corriente eléctrica que necesita según la intensidad de dolor.
El experto precisó que para beneficiarse de este tipo de tratamiento el paciente debe pasar previamente por el quirófano para insertarle la batería debajo de la piel que a su vez va conectada en el interior del organismos con un cable a la médula. El efecto que se consigue es similar al de la aplicación de una anestesia epidural.
La batería tiene una autonomía de cinco años y una vez transcurrido este tiempo el paciente ingresa de nuevo al quirófano para reemplazarla por otra nueva, en caso de que persista el dolor crónico o retirarla definitivamente,
El curso al que asistieron una treintena de especialistas contó con el apoyo científico de la Sociedad Americana de Médicos Intervencionistas y el Instituto Mediterráneo del Dolor y Anestesia Regional (Imedar).

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