PILAR G. DEL BURGO VALENCIA
Para vivir más ya se conoce una ley que funciona en todos los organismos: la restricción calórica. A menos comida, más años de vida. Estas aseveraciones, científicamente demostradas, se han constatado en un colectivo humano: el de los adventistas del séptimo día que han alargado su expectativa de vida entre 5 y 6 años respecto al resto de la población. De hecho su dieta de menús de 1.800 kilocalorías les permite llegar a vivir 88 años, mientras que sus vecinos se mueren a los 82.
Ralentizar el proceso de envejecimiento, que era la eterna quimera de los alquimistas de la Edad Media, constituye uno de los desafíos más rotundos de la ciencia actual. De hecho, el científico del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), Oscar Fernández-Capetillo reveló el viernes pasado en Valencia, en el congreso sobre epigenética que organizó el Centro de Investigación Biomédica en Red (Ciberer) y la Universitat de Valencia, que acumular daño genético en la etapa embrionaria "va a ser crítico en el proceso de envejecimiento y puede influir para envejecer más rápido en el futuro".
Así, lo que este investigador de 35 años sostiene con ensayos es que acumular lesiones en las células madre durante la programación intrauterina puede contribuir a que ese individuo envejezca antes. La aseveración forma parte de un trabajo publicado en "Nature Genetics" hace un año y quedó refrendada en ensayos con ratones.
El equipo de Fernández-Capetillo alteró una proteína que protege al ADN de lesiones, lo cual propicia una rápida acumulación del daño. Además la proteína que mutaron tenía un gran papel en el desarrollo intrauterino.
El resultado: que ratoncitos de tres meses tenían una apariencia de 3 años. "Es como si un niño de 10 años tuviera el aspecto de un hombre de 80". Algunos de los elementos directamente vinculados con el estrés fetal son las radiaciones (rayos X) y los genotóxicos (tabaco).
El investigador comentó que el proceso de envejecimiento no es más que acumular daño en el ADN (cada célula del organismo tiene tres mil millones de nucleótidos o caracteres de ADN). El problema se agrava cuando ese daño afecta a las células que tienen encomendadas la privilegiada misión de regenerar el organismo: las células madre. A modo de ejemplo, las arrugas de piel serían una expresión de la muerte celular de las células encargadas de reparar el tejido.
Otras investigaciones del CNIO estudian como proteger la célula del daño del ADN y mutar genes que reparen mejor el daño en el material genético. ¿El objetivo? Vivir más. "En los siguientes cinco años se alargará la vida de los mamíferos, en algunos se extenderá la vida un 50%, o sea se podrá llegar hasta los 120 años", agregó el investigador.