Carlos Alós, Valencia
Por cada fallecido en la carretera, otra persona queda en silla de ruedas o sufre daños visuales irreversibles. Su vida da entonces un giro radical. Ahora, cualquier ciudadano puede sentir en carne propia las dificultades que los discapacitados deben superar a diario en su vida cotidiana. Realizar cualquier actividad se convierte en una heroicidad para miles de ellos.
Amarrados a una silla de ruedas, acompañados de un bastón o de un perro guía encuentran barreras infranqueables a cada paso. Para fomentar su integración, la ONCE ha puesto en marcha una iniciativa que pretende que cualquier persona pueda sentirlo en primera persona. Unos 1.300 escolares, de entre 10 y 14 años, lo experimentarán hasta el sábado y también puede hacerlo cualquier ciudadano que lo desee.
La ONCE, que conmemora sus 70 años de vida y los 20 de su Fundación, ha instalado un circuito de mil metros en la Avenida de Aragón en que los visitantes se enfrentan a situaciones que son cotidianas para los discapacitados. Los primeros fueron escolares del colegio San José y durante la mañana de ayer pasaron más de 300.
A Cristian le resultaba muy difícil caminar con el antifaz negro. Ana exclamaba: "No se ve nada". "Está todo oscuro", decía otro. "Pues así es como tienes que caminar y además por la ciudad", añadía un monitor. Los menores descubren también que no es nada fácil asearse, colgar la ropa, preparar la comida, prestar atención en clase, hacer los deberes o ir al cine si quien lo hace tiene alguna discapacidad, física, intelectual, sensorial, ya sea auditiva o visual.
Además, probaron una silla de ruedas en un circuito en el que debían sortear bordillos, obras, semáforos o motocicletas mal aparcadas. Misión imposible.
El circuito, inaugurado por la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, tiene otro espacio: una macrotienda sin barreras donde se incluye tecnología para que la vida de los discapacitados sea más fácil. Un sistema bluetooth permite activar el verde de un semáforo a través del móvil o abrir una ventana. Hay un lector del color de ropa, ordenadores, impresoras y mapas en braille, pantallas que hablan, pizarras interactivas que dan voz a lo que el profesor escribe, cocinas, baños y dormitorios adaptados, cine para sordos y ciegos y hasta un museo donde "tocar esta permitido". Y espacio para el deporte adaptado.
Durante siete décadas, la ONCE ha enseñado a muchos a "vivir de nuevo", dijo uno de los responsables de una institución que da trabajo a 8.000 valencianos y mueve 24,2 millones anuales.