FERNANDO DELGADO
No creo que Concha Gómez, secretaria autonómica valenciana de Educación, vaya a hacer mucha carrera en el PP de Mariano Rajoy si mantiene las exaltadas formas, de vecindona presa de los nervios, que empleó esta semana en la radio para tratar de ocultar el evidente boicot de la Generalitat valenciana a Educación para la Ciudadanía. Está tan claro que la burla de impartir esta enseñanza en inglés es un disparate que, a pesar de su intento de negar motivación política a la absurda disposición, se le escapaba el rejo político al alto cargo o carga en su respuesta a un ponderado y sereno representante sindical de aquellos docentes que se niegan a acatar un decreto autonómico que ha surgido de la posible ilegalidad y es prueba de insumisión ante el gobierno de España desde las instituciones.
Pero seguramente el estilo de la secretaria autonómica pertenece al PP del pasado, excitado y brusco, y no al dialogante y sereno partido que lidera ahora Rajoy como nuevo. Y al PP del pasado debe pertenecer el conseller de Educación, Alejandro Font de Mora, que ha amenazado a los profesores resistentes con serias medidas contra ellos, desde la autoridad moral que le otorga ser un presunto insumiso. Y como la misma disposición disparatada de que se imparta en inglés una asignatura obligada, le guste o no al PP, debe ser cosa de un pasado disparatado en el que el modo de gobernar en Valencia se viene reduciendo a una permanente confrontación con el gobierno de la España Una, que muy pronto presidirá Rajoy, es posible que la ascendencia del casi inmediato presidente del gobierno sobre su pupilo Francisco Camps, presidente actual de la Generalitat y converso a la renovación, convierta en pasado lo que por ahora es una nueva gresca entre una buena parte de la comunidad educativa y los que gobiernan en una comunidad autónoma en la que hay todavía escuelas en barracones y una muy deficiente enseñanza del inglés.
Además, como la enseñanza de Ciudadanía sólo se puede rechazar desde unas posiciones reaccionarias, y el PP ha cerrado su caverna, no creo que modificar su conducta, para demostrar que no es sólo epidérmico el cambio y que puede conquistar así a muchos votantes socialistas, constituya una renuncia a sus principios. Quedaría sólo en un cambio de estrategia que les evitaría de paso el ridículo.
PD.- El que ha abandonado las preocupaciones regionales y sus exaltaciones correspondientes es el diputado Esteban González Pons, cara muy conocida en Valencia y expuesta ahora a contarnos la nueva cara del PP. Por caras que no sea. Pero entre las diferencias que separan a la secretaria autonómica y al responsable de comunicación del nuevo PP es que él es poeta y a ella no se le reconocen debilidades literarias. Por eso, como en el PP les ha dado por sentirse versos sueltos o rimar los unos con los otros, va González Pons, se instala en teórico de la expresión poética, y declara: «En el PP somos poetas contemporáneos, de vanguardia, y no nos gusta el poema cerrado». No sé quién le habrá dicho que para los poetas vanguardistas y contemporáneos vale todo, pero como profesor de literatura, en inglés o en valenciano, no tiene futuro.