Aído, la ministra «blog»

 
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MATÍAS VALLÉS La leyenda insiste en que Bibiana Aído es la primera ministra que ha accedido al cargo propulsada por su blog. Zapatero nacionalizó la Igualdad, después de leer con fruición unas reflexiones electrónicas que sonrojarían a un párvulo. Su autora se ha integrado en un Gobierno más que paritario, que sitúa a España por delante incluso de los países escandinavos. En proporción, el número de mujeres en el gabinete español duplica al existente en países como Reino Unido o Italia. La prensa más reticente -el Sunday Times de Murdoch- se ha rendido sin complejos al feminismo del presidente español, ejemplar hasta que se siente obligado a explicarlo. Y en boca de su ministra, los avances imprescindibles parecen disparatados.
El autor de blog no se agosta en pretensiones poéticas. Aspira a cambiar el mundo, pero con la secreta esperanza de que no le hagan demasiado caso. Los textos anodinos de Bibiana Aído no estaban predestinados a topar con un lector de la temeridad probada de Zapatero, donde la voluntad del cambio se aúna con la potencia para ponerlo en práctica, delegada por la ciudadanía. Al cuajar esta conjunción revolucionaria en un ortodoxo nombramiento ministerial, se enfatizó que la titular de Igualdad no sólo era mujer, sino la más joven de su rango en la historia reciente. Elevando el argumento de la edad a categoría, habría que celebrar como un logro histórico la futura encomienda de una cartera del gabinete a un adolescente de quince años -y así sucesivamente.
La juventud es un combustible desperdiciado en la inmensa mayoría de los seres humanos, por lo que enfatizarla es, cuando menos, prematuro. En Bibiana Aído y en cualquier otro ministro, el acento debió colocarse sobre el currículum. No se busca ofender con ello a la comunidad de bloggers, ante quienes se abre una nueva expectativa laboral. El cuaderno de bitácora de la ministra es una herramienta utilísima para aquilatar sus méritos y, a continuación, para no endosarle jamás el cargo que hoy se ve incapaz de asumir con garantías. La exclusión de la edad como baremo definitivo tampoco implica desdén hacia las mujeres de 31 años o menos. En la España contemporánea, abundan en este segmento las personas con una trayectoria envidiable, y que les franquea cualquier desempeño. Bibiana Aído no figura entre ellas, como sabía cualquiera que la leyera. Sin cambiar de generación ni de Gobierno, Beatriz Corredor muestra una cohesión mucho más adecuada entre su trayectoria y su actual ascenso. Aunque tampoco esa aptitud previa garantiza la adecuación al puesto, contribuye a minimizar los riesgos.
Bibiana Aído no sólo procede del blog, sino que gobierna a golpe de blog. Encadena propuestas como si anotara ocurrencias en su diario electrónico. Olvida que su género literario carece de consecuencias. Ese aroma insustancial coincide con la actividad gubernamental en la mayoría de ocasiones, pero no siempre. El error de quien la nombró se extiende a la creación de una cartera de nuevo cuño. La indefinición de Igualdad complica la escasa articulación del lenguaje de la ministra. De ahí que sus iniciativas generen incomprensión. Ya no se sabe si sus miembras fueron deliberadas, ni si la biblioteca de mujeres es sólo para mujeres o sólo sobre mujeres. Cuando la benjamina de Zapatero -expresión paternalista, pero que engloba el único criterio esgrimido hasta hoy para atribuirle el cargo- se deja un acento, no enmienda ese desliz ortográfico, sino que propone la supresión de las reglas de acentuación.
Con los mejores propósitos, Bibiana Aído puede conseguir el efecto perverso de frivolizar asuntos trascendentes. Por ejemplo, sus manifestaciones veladas sobre el velo coactivo de las mujeres musulmanas dan pábulo al presidente de la Junta Islámica, para que asegure sin datos que la violencia de género es mayor en España que en los países islámicos. Confundir la frecuencia de la agresión con su denuncia es un sarcasmo que debiera recibir la respuesta puntual del Gobierno, si el embrollo no surgiera de un traspiés ministerial. También aquí pretende Aído que la solución emane de su blog. Resguardada en la pantalla privada, declara que «quiero expresar mi máximo respeto a la libertad de decisión de las mujeres musulmanas». Cuando Umberto Eco predicaba el hipertexto, no se podía imaginar que estaba gestando un cambio histórico en el Gobierno del político más admirado hoy por la izquierda de su país. Y quizás también su hundimiento.

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