Maria Tomás, Valencia
Desde el Robin Hood de Walt Disney que el zorro no había vuelto a ser protagonista de un largometraje. Ha tenido que llegar el cineasta Luc Jacquet para filmar la película Una amistad inolvidable, que se preestrenaba en el Club Diario Levante, y recuperar la figura de ese animal símbolo de astucia e inteligencia, perseguido por el hombre, pero necesario para el ecosistema natural de los bosques.
El zorro de este cuento no es inventado. Es un zorro de verdad que se expresa a través de su comportamiento natural en su relación con la niña también protagonista. El espectador casi se puede poner en lugar del animal y percibir sus sentimientos.
Es el logro de esta película dedicada al público infantil y a ese niño que todos deberíamos llevar dentro. Porque el film de Jacquet no sólo insufla oxígeno al contacto con los espectaculares bosques de hayas en Ain, alrededor de la meseta de Retord y en los Abruzzios, en el centro de Italia. Una naturaleza espectacular. Una luz que no se debería dejar de mirar. Un aire que se tiene que poder respirar.
La película Una amistad inolvidable, además, propone recuperar eso que los urbanitas no suelen practicar a fuerza de correr: la pura contemplación, el aprendizaje de la paciencia y del lento transcurrir del tiempo que se experimenta en la naturaleza con todo lo que lleva dentro, el comer o ser comido, pero también, el maravillarse con el espectáculo de la vida.
Jacquet también propone reproducir la mirada de asombro de la niña y ofrecer puro el concepto de la amistad, basado en el respeto al otro, no en la posesión. El film, por otro lado, incide en esa prepotencia del hombre de considerarse mejor y mas inteligente que el animal, de reducir a éste a su capacidad instintiva. El encuentro con el animal, en esta película, es sinónimo de la posible comunicación entre los dos mundos y una ocasión perfecta para reflexionar sobre el significado de domesticar.
Es Una amistad inolvidable un descubrimiento del entorno salvaje, de ese otro ser animal en evolución con tantas similitudes con el humano. También una invitación a dejarse llevar, a emocionarse con lo inesperado, en tener curiosidad por adentrarse en un camino que encierra el principio de una historia. «Observar a los animales permite conocer cosas en nosotros mismos», ha afirmado el cineasta. Y finalmente una reflexión importante y clave. El límite que no se debe rebasar: el animal que ha nacido en libertad no encuentra su sitio en cautividad.