José Parrilla, Valencia
Con el tiempo ya estable, esta mañana han zarpado desde el Club Náutico de Valencia Johan y Silvia, un holandés de 50 años y una barcelonesa de 42 que han decidido dejarlo todo y pasar el resto de su vida recorriendo el mundo, parando donde más les guste y sobreviviendo con los trabajos que realicen en los puertos que vayan tocando.
Después de 16 meses preparando su barco, la bibliotecaria y el navegante llevaban una semana esperando que el temporal amainase en el Golfo de León para hacerse a la mar. Ante todo, quieren ser muy responsables con lo que hacen. Por eso quizá tampoco han dejado a nadie venir a Valencia a esperar su despedida, aunque muchos amigos y sus familias les han llamado toda esta semana para decirles adiós y reiterarles que están con ellos y con su "locura".
En el barco, un velero de 13 metros de eslora llamado Alea (suerte en latín), bien equipado tecnológicamente y remodelado completamente por ellos para así "dominar la parque técnica", llevan comida para un mes, básicamente arroz, pasta, embutido y aceite de oliva, un elemento que no podrán encontrar en todos los puertos. Silvia asegura que no necesitan más porque ya se han gastado sus ahorros y su idea es empezar a trabajar conforme vayan tocando puertos. No se van de vacaciones, sino a vivir de otra forma, reiteran.
El primer destino será Túnez, adonde tardarán cuatro días en llegar. Luego saltarán a Sicilia y pararán un par de meses en Malta. "Johan conoce varios idiomas, pero yo quiero aprender inglés y allí creo que será un buen sitio", dice Silvia. Y a continuación saldrán para Turquía para quedarse un año recorriendo la costa y haciendo pequeños trabajos. Según comentan, "podemos llevar a más gente en el barco, pues está equipado para ocho personas, trabajar en otros puertos haciendo reparaciones y si hace falta ponernos a hacer tortillas de patata y paellas. Seguro que triunfamos", dicen entre risas.
Y cuando hayan pasado un par de años por el Mediterráneo la idea es subir a los países nórdicos -al Báltico- y cruzar a América por Groenlandia. "A nosotros nos va más el frío que el Caribe", dice Johan, que recuerda que el casco del barco lleva un aislante de 8 centímetros y que en el interior tienen hasta chimenea alimentada por el gasoil. "Aquí esto no se ve mucho, pero en los países del norte es habitual", explica.
Preguntados si hay algún lugar donde sueñan con quedarse un tiempo, señalan la Patagonia. Y a la pregunta de cuando van a volver, simplemente no tienen respuesta.