Otro éxito formidable

 
Enviar
Imprimir
Aumentar el texto
Reducir el texto

Alfredo Brotons Muñoz
I phigénie en Tauride era sin duda el título en principio con menos gancho popular de los programados. El Palau de les Arts ha obtenido con ella, sin embargo, otro éxito formidable en una temporada en la que hasta ahora se han dado muy pocos motivos para el reproche, por más que alguno haya resultado muy llamativo.
En primer lugar, ha triunfado una ópera ella misma menos cantada que alabada. Y esto último lo merece con toda justicia, por una parte, por la fuerza psicológica de su argumento, la rapidez con que transcurre su acción y la vividez que anima el trazo de sus personajes (con el aislamiento, la paranoia y la esperanza como temas centrales); por otra, naturalmente, por la brillantez con que todo es iluminado por una música tan seductora hoy en día como el día de su première en París el año 1779. La plenitud del orden barroco que aquí se consagra ya en el roce con el neoclasicismo no limita la expansión lírica ni la intensidad dramática, por más que en ningún caso se incurra en transgresión o exceso algunos. Las arias, los recitativos con orquesta, que no con clave, los coros y alguna intervención conjunta se suceden con continuidad elegante, refinamiento sin asepsia y también capacidad de síntesis, pues no hay ni escenas ni números largos.
En segundo lugar, ha triunfado un montaje, estrenado en el Metropolitan de Nueva York el año pasado, que ha tenido como principal virtud la de, siendo en sí misma impresionante, proyectar constantemente la atención sobre el texto, la música o ambas cosas subrayando lo esencial sin descuidar ningún detalle en lo secundario. El decorado de Thomas Lynch lo parte en dos un muro que combina con rara inteligencia dramatúrgica las funciones de separación y comunicación espacial y sólo se vuelve translúcido para aumentar la emoción de uno de los momentos más cargados de ella de toda la ópera. En la dirección de escena de Stephen Wadsworth, aquí a cargo de Sarah Schinasi y Daniel Pelzig, no hay un solo movimiento ni gesto, ni de los cantantes ni de los comparsas, que no se inserte con ajustado sentido contextualizador. No se pierde ninguno gracias a la sensible imaginación con que Neil Peter Jampolis pensó y Bruno Ciuli consigue iluminar los bonitos figurines de Martin Pakledinaz. Algo que se echaba de menos y ahora por fin se ha podido ver es una coreografía, de Daniel Pelzig, exigente en su concepción y realizada de manera sobresaliente.
El elenco de solistas ha vuelto a ser de primerísimo nivel. La parte de Ifigenia, extensa y rica, corrió a cargo de Violeta Urmana, cuya presencia, hermoso color vocal, impresionantes facultades y línea de notabilísima condición lírica fueron tan relevantes como cuando fue Kundry en el Parsifal de hace aún no hace un par de meses. No en la tesitura de barítono, sino en la de tenor dispuesta por Gluck para la revisión vienesa, Plácido Domingo compuso un Orestes de máxima intensidad que ya habría admirado mucho hace dos décadas, cuánto más considerando que quien conserva un timbre tan fresco y redondo es un cantante que el próximo 1 de enero cumplirá sesenta y ocho años, cincuenta y dos de los cuales vividos sobre un escenario. Excelente estuvo igualmente el joven pero ya muy maduro Ismael Jordi como Pílades, que si acaba de desentubar la columna de aire tiene calidad y musicalidad más que suficientes para convertirse en una primera figura mundial. En sus más breves cometidos no desmerecieron sino todo lo contrario Riccardo Zanellato, Thoas malvado pero sin caricatura, sino bellamente cantado desde la comprensión de la coherencia de su cruel intransigencia; Amparo Navarro, auténtica diva ex machina, y Rocío Martínez como Primera sacerdotisa y Mujer Griega.
Otro pilar fundamental para la construcción del triunfo lo aportó el Coro de Cámara Amalthea, cada vez más convincente en las tres actuaciones que con esta le recuerdo desde 2004. Desde luego como escitas y como furias, pero sobre todo la sección femenina en los pasajes más suaves, sus miembros encontraron un nivel de empaste y un tono expresivo de parejo atractivo.
En último pero no menos importante lugar, la orquesta respondió con pulcritud y exactitud a las indicaciones siempre oportunas de un Patrick Fournillier que supo cuidar con mimo a las voces y lograr de sus instrumentistas los grados de levedad sonora o solemnidad rotunda que alternativamente demanda la partitura.
Los aplausos fueron ardorosos y prolongados, como correspondía al magnífico espectáculo disfrutado por los ojos y los oídos de quienes llenaron la sala.

COMPARTIR
 



  HEMEROTECA
últimos vídeos en levante-emv.com
 
 
Operación
Tipo de inmueble
Provincia
Anunciese gratis
El portal inmobiliario de
  LA SELECCIÓN DE LOS LECTORES
 LO ÚLTIMO
 LO MÁS LEÍDO
 LO MÁS VOTADO
  CONÓZCANOS:  Contacte |  Atención al lector (edición impresa) |  CONÓZCANOS |  LOCALIZACIÓN |  CLUB DIARIO LEVANTE |  POLITICA MEDIOAMBIENTAL     PUBLICIDAD:  TARIFAS  
Levante-emv.com y Levante-EMV son un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de Levante-emv.com. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 
  Aviso legal
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  |  La Nueva España  | El Boletín  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas