JESÚS CIVERA
Cuando el Valencia CF sucumba en el descrédito económico, que suele alcanzar al deportivo, no sólo habrá que buscar el origen de la hemorragia en los presidentes del club de los últimos años. El Valencia ha transitado según los cauces marcados por los dirigentes políticos. Ellos han alentado la creación de un coloso que apenas proyectaba sombra porque era translúcido. Su superficie brillaba impoluta, las gradas se llenaban, los políticos acudían al espectáculo dominguero. Tras el escenario sólo había máscaras y algún fantasma en circulación. El tinglado se sostenía en el aire. Una deuda histórica agigantada sin control en las últimas temporadas sin que las esferas políticas o los responsables de la sociedad acudieran a contenerla. Al contrario. En lugar de sujetarla, las autoridades autonómicas y municipales han alimentado una espiral inmobiliaria y financiera que está a punto de provocar la expiración del Valencia. El presidente Camps y la alcaldesa Barberá son los protagonistas del guión, cuyo final trágico viene anunciándose. Y serán responsables del presumible fracaso. El argumento crepuscular lleva también su firma. Sobre solares, recalificaciones, construcciones, burbujas y voluntades firmes se ha forjado la tempestad que devasta hoy el Valencia. Ojalá Soriano pueda enderezar las cuentas desbocadas y detener el ocaso. Pero las cosas pintan muy mal. Que la suerte le acompañe.
Rita, fino olfato. La primera en advertirlo en el PP ha sido Rita Barberá, lo que dice mucho sobre su instinto político: Peralta se ha lanzado a la política de partido desde la plataforma de la Delegación del Gobierno. No sé si Barberá atina en el conjunto, pero su alegato toca material sensible. Es evidente el protagonismo de Peralta, a quien ya se le ha definido como el jefe de la oposición, por encima de Alarte/Luna. Su modelo es distinto al de Bernabé, pegado a Blanquerías, que avaló su nombramiento. Y de ahí deriva el problema, que casi airea Barberá. Peralta y la vice van por un lado; Alarte, por otro. Para saber más, a Salamanca (o pregúntenle a Rita).