El nuevo arzobispo de Valencia, el cántabro Carlos Osoro, que lo fue de Oviedo en los últimos siete años, ha demostrado un auténtico don de lenguas desde su llegada a las costas del Mediterráneo. En su toma de posesión, el pasado día 18 en la catedral de Valencia, ya sorprendió a todos al dirigir a los allí congregados las siguientes palabras en valenciano: "Germans i germanes, fills molt estimats en Jesucrist, Nostre Senyor, vull que les meues primeres paraules com a pastor vostre arriben als vostres oïts en la llengua que molts de vosaltres haveu escoltat als braços de les vostres mares". No sólo eso. El jueves, en la misa mayor de las Fiestas de moros y cristianos de Alcoi (Alicante), también hizo parte de su intervención en valenciano, al tiempo que exaltaba la figura del Sant Jordiet (San Jorgito), para regocijo de sus feligreses.
Los católicos asturianistas pensarán que se trata simplemente de una merecida penitencia por lo que ellos entienden que fue la olímpica indiferencia del Arzobispo frente a todo lo relacionado con el asturiano, que tuvo su máxima expresión en su negativa a consentir el uso de la "llingua" durante el funeral por el padre Federico Ficu Fierro Botas, autor de la liturxa católica y otras obras en la lengua regional. Osoro se ganó entonces el título de "reglamentista" por oponerse a las misas en asturiano mientras éste no fuese una lengua oficial, aunque en alguna parroquia no le hicieron mucho caso.
En Valencia, el "valencià" es oficial y es una lengua utilizada ampliamente incluso por políticos que no son sospechosos de defender la disgregación del Estado. Se utiliza en el Parlamento, en las recepciones y en las iglesias, por lo que al Arzobispo no le queda más remedio que aprender al menos los rudimentos de la lengua de Joan de Timoneda.