ALFONS GARCÍA / VALENCIA
P. ¿Está en peligro el catalán?
R. Sí. Es bastante evidente. La lengua ha perdido terreno en Alicante, Valencia, Perpiñán y también en muchas zonas de Barcelona, como el área metropolitana. Es una situación compleja y en algunos terrenos se ha avanzado: en Cataluña ha aumentado el número de personas que entiende la lengua propia y el uso social ha mejorado en algunos ámbitos. Pero la extensión del castellano es brutal. En algunos lugares, como Valencia y Alicante, es muy significativa. La situación es delicada y no podemos ser optimistas.
¿Qué opina de la política lingüística del Gobierno valenciano? Algunas voces consideran que el fomento de las particularidades valencianas conducirá a un secesionismo lingüístico...
Sin duda. Me preocupa mucho la creación de un secesionismo con la formación de una academia especializada en el valenciano, cuando la lengua es la misma. No ayuda a la cohesión y la unidad de la lengua, que es en realidad muy elevada, mayor que la de otros idiomas europeos, como el castellano. En estos momentos, la única solución es que todas las instituciones acepten la autoridad común del IEC.
Visto desde Valencia, lo que plantea parece inviable...
No es tan complicado. Por ejemplo, en Baleares la autoridad normativa la tiene la Universitat de les Illes Balears (UIB), que a su vez reconoce al IEC. No es una autoridad directa, pero está bien. Lo que está claro es que el secesionismo no es bueno para una lengua que aún hablan 10 millones de personas, o siete, según el indicador que quiera utilizar.
¿No cree que esta política sobre el valenciano también ha relajado el conflicto lingüístico?
Sí. Lo que espero ahora es que el Gobierno valenciano vaya entrando en razón. Hay alguna señal importante, porque se han dado cuenta de la importancia del corredor mediterráneo de infraestructuras y todo va unido. Espero que esta política de conjunto y de cooperación que necesitamos para la economía prevalezca también en la lengua. Hay que evitar la tensión y el secesionismo es darle la puntilla a la lengua.
¿Coordinación o riesgo de desaparición es su mensaje?
Nos tenemos que coordinar, claro. En el IEC siempre nos preocupamos de consultar a nuestros representantes en el País Valenciano. Tenemos además sedes en Castelló y Alicante, y un delegado en Valencia. Yo, para salvar la lengua, me reúno con el demonio si hace falta, pero, claro, han de reconocer la autoridad del IEC.
¿Se reunirá entonces con la presidenta de la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL)?
Si esta entidad, que es una construcción política del Partido Popular de la Comunitat Valenciana, me pidiera una entrevista lo consideraría… No tengo problemas, pero ha de haber una petición y se ha de reconocer la autoridad superior del IEC.
¿Y qué hacemos con el nombre de la lengua?
No hay problema alguno. La lengua valenciana es la lengua catalana. Son dos acepciones de lo mismo. Yo tiendo a llamar catalana a esta lengua nacida hace mil años en una zona que hoy pertenece a Francia, pero no me preocupa. Coincido con Pasqual Maragall, que cuando le dijeron si quería una traducción al catalán del proyecto de Constitución Europea dijo que no era necesaria, porque ya había una valenciana.
¿Le gusta la fórmula mixta de valenciano-catalán que algunos lingüistas proponen?
Me deja fríamente indiferente. Más que preguntarnos qué hablamos,creo que el problema es si avanzamos y no fijarnos en la lira cuando Roma está ardiendo.
¿Le parece coherente la actitud de los lingüistas que son miembros del IEC y la AVL al mismo tiempo?
Han de colaborar en el reconocimiento de la autoridad de la lengua. Sé que creen en la unidad, pero tenemos que luchar para que el unitarismo de conciencia se transforme en unitarismo de hecho mediante el reconocimiento de una autoridad común.