F. Piera,
Torrent
Cuando en 2003 el PSPV ganó 26 de los 43 ayuntamientos de l'Horta con una subida importante y mayorías absolutas de escándalo en no pocos ayuntamientos medios se interpretó rápidamente que la recuperación de los socialistas valencianos comenzaba, como no podía ser de otra manera, por el llamado
«cinturón rojo»
.
Cuatro años después, el pasado domingo, de ese cinturón bastión del socialismo valenciano, histórico en políticas progresistas y de avanzadilla, no quedó ni la hebilla. Más de una veintena de candidatos populares, desde la modestia de supuestos perdedores, casi desde la clandestinidad de alcaldables de tercera han dejado en la soledad de la oposición a la oxidada y soberbia máquina de un partido que, en el transcurrir de los últimos años, ha cambiado la política de calle, del cara a cara, del contacto con la gente, por la política de campanario, de faraónicas obras, y de puro
marke
ting
.
Alcaldes
a priori
vencedores como Francisco Borruey, en
Paterna
, Josep Bresó, en
Torrent
, Concha Andrés, en
Moncada
, o el histórico Manuel Corredor -el único superviviente de la quinta del 79 y presidente comarcal de los socialistas- en
Sedaví
, han pasado de la noche (electoral) a la mañana a ser carne de oposición.
Mención aparte merecen dirigentes como Bartomeu Bas, de
Paiporta
, encausado por cuatro supuestos delitos, arropado por la dirección comarcal de su partido hasta el último momento y que ha abandonado el consistorio sin dar opción a su sucesor, con un ayuntamiento que, por primera vez desde 1979, será gobernado con mayoría absoluta por el PP.
Josep Vicent Sanchis en
la Pobla de Farnals
-del todo de la mayoría y el gobierno a la nada de la oposición-, José Luis Andrés Chavarrías en
Burjassot
-tocado, aunque no hundido- o Eva Sanz, en
Benetússer
, son otros de los que en mayor o menos medida han visto desmoronarse sus castillos de poder en favor de los populares que, en primera instancia, han barrido por completo a Unión Valenciana, adjudicándose los votos de esta formación.
Incluso los irreductibles Jorge Alarte, en
Alaquàs
, Carmen Martínez, en
Quart de Poblet
, Josep Almenar, en
Picanya
, o Empar Navarro, en
Aldaia
, han visto tocados sus dominios aunque conservan una mayoría absoluta suficiente como para convertirse en los grandes ganadores del bando socialista en esta batalla de Lepanto metropolitana.
Y, entre las cenizas siempre renace alguna que otra Ave Fénix. Es el caso de
Alfafar
, donde Emilio Muñoz, bajo las vapuleadas siglas del PSPV logra una aplastante victoria con 13 de los 21 ediles; Ramón Marí, que en el difícil
Albal
revalida su mayoría absoluta o Francesc Baixauli que tras cuatro años de cuatripartito (PP-UV-Bloc-EU) gobernará
Silla
, aunque sea en sociedad.
En el bando popular, entre los ganadores, se hallan nuevas caras como Vicente Ibor, en Paiporta, que ha rentabilizado al cien por cien el desenfrenado amor del PSPV por su ex alcalde procesado o Lorenzo Agustí que, con cuatro años de trabajo y desde la modestia y la humildad ha logrado prácticamente ridiculizar a un peso pesado como Borruey en Paterna acostumbrado a ganar a pesar de sus erráticas y efectistas políticas.
También desde la más absoluta modestia ha nacido Rafael Pérez, próximo alcalde de Sedaví que ha destronado a un Manuel Corredor convencido de su victoria.
Entre las demás fuerzas de izquierda, Bloc y EU, juntos o por separado y salvo excepciones, han bebido del mismo jarabe que los socialistas. Básicamente en aquellos municipios donde alentaron gobiernos del PP contra el PSPV (Silla,
Bonrepòs i Mirambell
Puçol
) han sufrido un castigo impensado hace apenas dos días. Tal vez la factura de la incoherencia. Decía uno de los nuevos alcaldes populares recién elegidos que a los socialistas de l'Horta les ha perdido la soberbia o, al menos, la manera soberbia de gobernar y saberse invencibles, de estar lejos de la calle y la tan cacareada ciudadanía. En no pocos casos puede haber sido así.