F. Arabí,
Valencia
La política no ha sido tan generosa en aplausos hacia ella como aquellos guiris que en los hoteles del Benidorm de la década felipista quedaban hipnotizados por el zapateado de la bailaora María Sánchez Trujillo y su pareja artística y en la vida real Pedro Martínez Carrillo, Pedro «Marti» en los carteles. Pero a la rubia concejala socialista Maruja Sánchez -con ese nombre ingresó en 1991 en la lista municipal del PSPV de Benidorm que encabezaba el alcalde Manuel Catalán Chana- su retirada de los escenarios para servir a la sociedad le ha salido a cuenta. El 22 de noviembre de 1991, Maruja Sánchez adquirió un abono al sueldo público que, dieciséis años después todavía no ha caducado e incluso pronto generó derechos familiares. Esta misma semana, el presidente de la Diputación de Alicante, Joaquín Ripoll, acaba de confirmar a Pedro Martínez en su cargo de asesor político del Consorcio de Bomberos, un puesto por el que percibe unos 33.000 euros anuales por
«no hacer nada»
, según han denunciado reiteradamente oposición y sindicatos. Cuando acabe la legislatura habrá acumulado ya una experiencia de 16 años en el sector del fuego, al que tiene vinculada su nómina desde que el 13 de octubre de 1995 el anterior presidente de la corporación provincial, Julio de España, lo nombró asesor con sueldo de 300.000 pesetas. Antes cobraba de la delegación de Deportes.
La actriz principal de la moción nunca lo habría sido de no ser porque la ejecutiva nacional del PSPV corrigió a la local y adelantó dos puestos en la lista a Maruja Sánchez, que iba la trece y pasó a ser la once. Y por eso logró acta. Su fe en los principios del socialismo flojeó pronto. A los cinco meses de las elecciones desapareció una semana (fue escondida en un chalé de Callosa d'En Sarrià), regresó, votó, Zaplana ganó, y ella fue premiada con una dedicación exclusiva de unas 250.000 pesetas del 91 para llevar la delegación de Servicios Sociales y Cultura. Otro tanto ingresaba su Grupo Mixto, formado por ella misma, para gastos de funcionamiento. La magnanimidad del PP llevó a ponerle hasta dos guardaespaldas que sólo en horas extras cobraron 9,6 millones de pesetas en tres años. Como concejala mixta no llegó a tomar la palabra pero no debió gestionar mal la cultura porque en 1995, con Zaplana ya de presidente autonómico, Sánchez fue nombrada coordinadora del área de Cultura y mantuvo al alza el sueldo de los cincuenta mil duros al mes. Su jefatura de negociado en la Plaza de Toros benidormí, le permitieron mantener sus ingresos, que hasta el día en que Zaplana voló a Madrid sobrepasaron oficialmente los 62 millones de pesetas. No quedó desvalida. Ya dijo el que entonces era nuevo alcalde, el hoy difunto Vicente Pérez Devesa, que mientras estuviera en su mano no le faltaría el sueldo público a Maruja.
Ahí sigue y no está sola. Cuatro personas de su entorno -incluída su ex nuera María Jesús Pérez-, lograron plaza en el consistorio, del que cobraron 180 millones de pesetas entre 1991 y 2002, la segunda legislatura de Pérez Devesa. Uno de los hijos de la tránsfuga fue contratado en 1999 en la delegación de Canal 9 en Alicante. Su sueldo no llegaba a los tres millones de pesetas anuales cuando entró. El coste oficial del
marujazo
alcanza los 2 millones de euros. En torno a la mitad, es el coste salarial de la pareja, el sobrecoste de la moción de censura de aquel 22 de noviembre de 1991.