ANTONIO ARNAU
Días atrás, un terremoto en Perú ha removido nuestras conciencias y las ha sacado del letargo estival propio de estas fechas. Los vínculos históricos que nos unen a dicho país, así como la existencia de un importante colectivo de inmigrantes procedentes del mismo explican la destacada atención que los medios de comunicación han prestado a la catástrofe y sus secuelas así como la rápida reacción de la cooperación de nuestro país. Una respuesta solidaria que, en todo caso, habrá que seguir y evaluar a lo largo del proceso de ayuda inmediata de emergencia, proceso de reconstrucción y posterior desarrollo.
Muy poco antes tuvo lugar otro devastador seísmo en la solidaridad valenciana que, sin embargo, ha pasado mucho más inadvertido. El pasado 13 de agosto, el diario oficial informaba de una serie de importantes modificaciones en el presupuesto de la Generalitat. Entre los programas damnificados por la reforma se encuentra el de Cooperación Internacional, que de esta suerte ha perdido 33 millones de euros, la mitad de su dotación inicial. La frialdad del lenguaje burocrático aterra especialmente en este caso. Según reza el mencionado diario, «al objeto de dotar de cobertura determinadas actuaciones consideradas prioritarias, la Presidencia de la Generalitat propone transferir disponibilidades de crédito existentes en el programa de Cooperación Internacional?». En otras palabras: que sobraba dinero para solidaridad y que éste podía utilizarse para otros fines más importantes.
Entre dichas actuaciones consideradas prioritarias se encuentran las ayudas para la atención (privatizada) a personas mayores. Pero, también, gastos diversos que no se precisan, acciones de promoción (propaganda) institucional de la Generalitat y otras vinculadas a la nueva edición en nuestra ciudad de la Copa del América, sangrante decisión en la que el Govern reincide, pues ya en 2006 detrajo 600.000 euros de cooperación para este evento.
Las organizaciones de solidaridad sabían que esto podía pasar y así lo dijeron en su momento. Si hacemos memoria, recordaremos cómo se gesta el inverosímil proyecto de presupuesto para el 2007, que centuplicaba los fondos para sensibilización y concienciación ciudadana, un ámbito tradicionalmente minoritario y marginado por la administración (que es la primera en no creérselo). Recordamos también cómo este proyecto presupuestario fue literalmente machacado en su tramitación por el grupo parlamentario popular, el cual, de manera sorprendente, enmendaba sistemáticamente por segundo año consecutivo las propuestas de su propio gobierno en esta materia sin que mejorase por ello el resultado final. Todo esto, además de las diversas trampas conceptuales (separación entre cooperación y ayuda de emergencia, diferenciación con la integración de la inmigración), fue denunciado entonces por la Coordinadora Valenciana de ONGD y por esta área d´EUPV, ahí están las hemerotecas para atestiguarlo.
Lamentablemente, la realidad del doble lenguaje del PP ha sobrepasado nuestras peores expectativas. No sólo se confirma que el presupuesto no es fiable y se elabora sin criterio alguno, sino que se pone en tela de juicio la política de cooperación internacional de la Generalitat en su conjunto. En efecto, el recorte se ha aplicado en esta ocasión a las acciones promovidas directamente desde el Govern, una modalidad por la que se venía apostando con insistencia propagandística en los últimos ejercicios. La conclusión cae por su peso como una losa demoledora: el Plan Anual de Cooperación, aprobado a comienzos de año, era pura palabrería previa a las elecciones y ha sido reducido en tal grado que difícilmente podrá alcanzar una parte marginal de sus objetivos, si es que los había.
No obstante, lo que más exaspera es la desvergüenza prepotente de las formas, la sensación de tomadura de pelo, la prueba en los hechos de la mala fe, de la ocultación alevosa y premeditada de la acción indigna. Ahora hemos sabido que los acuerdos del Consell, aprobando el saqueo en el presupuesto de cooperación, eran bastante anteriores, concretamente del 23 de febrero y 25 de mayo, y que se ha esperado al mes de agosto para hacerlos públicos. Es decir, que la alevosa decisión coincidió con la última campaña electoral, durante la cual el partido en el gobierno nos anunció a bombo y platillo, a través de una ocurrente campaña publicitaria, no sólo la promesa, sino el logro falsamente efectivo del objetivo del 0,7% del presupuesto para cooperación internacional en este mismo año (en paralelo casi al ecuador de la Campaña Pobreza 0). Con tanto manoseo torticero, acabaremos consiguiendo que esta meta histórica pierda su fuerte valor social simbólico.
En definitiva, estamos ante un fraude insólito en su proporción al sector, ante el mayor latrocinio perpetrado nunca contra la solidaridad internacional de los valencianos y valencianas. A pesar de ello, ante la falta de reacciones, da la impresión de que nos hemos acostumbrado a este tipo de atropellos; precedentes cercanos hay, por ejemplo, los 2,4 millones desviados del fondo de ayudas a la inmigración de la FVMP y que el Ayuntamiento de Valencia destinó a pagar una parte del canon de la Copa del América. Parece que la oligarquía y su elite gobernante se sabe respaldada, se siente fuerte, y la gente, nosotras y nosotros, andamos a lo nuestro, que bastante achuchado está el día a día como para complicarse la existencia con los problemas de los otros, más allá de los cíclicos ramalazos caritativos. Mucho menos ahora en vacaciones, época tradicional de estas -y otras- tropelías.
Tal vez no sea ésta la cooperación que queremos, o nos merecemos, ¿pero somos capaces de conseguir otra posible? Pensamos que sí. Somos mayoría quienes estamos dispuestos a ejercer de un modo más responsable el deber ciudadano de solidaridad y, consecuentemente, a exigir a nuestros gobernantes un compromiso más decidido, firme y coherente en este sentido. Ambas cuestiones están en nuestras manos, sólo dependen de nuestra voluntad de organizarnos colectivamente para una acción sociopolítica transformadora al servicio de los marginados y explotados.
*Àrea de Pau i Solidaritat d´Esquerra Unida.