V. A.,
Valencia
Los valencianos también tuvimos que poner de nuestro propio bolsillo para acreditar la necesidad de que el AVE llegue a la Comunitat. Corrían los primeros años 90 cuando, tras la construcción de la primera línea española de alta velocidad entre Madrid y Sevilla, el ministerio -actualmente de Fomento, entonces de Obras Públicas y Medio Ambiente- dejó de lado Valencia en sus planes de ampliación de la red del AVE. La del Turia era la única gran ciudad española que quedaba excluida de esa red, por lo que la Generalitat, aún en los tiempos socialistas, decidió contratar por su cuenta a la prestigiosa consultora francesa Sofrerail para que hiciese un primer estudio de viabilidad de una conexión del AVE con Madrid y Barcelona.
Sin posibilidad de rebatir
Aquel primer estudio, contratado que vio la luz en 1993, costó unos 600.000 euros -casi 100 millones de pesetas de la época-, que desembolsó íntegramente la Generalitat a pesar de que el AVE no es una obra de su competencia, pero no cayó en saco roto, ya que sirvió para acallar a algunos dirigentes del ministerio que se empeñaban en decir que la llegada del AVE a Valencia no era rentable. Los informes de Sofrerail no sólo demostraron lo contrario, sino que revelaron que el Madrid-Valencia, con 1 hora y 20 minutos de trayecto, sería el tramo más rentable de la red de alta velocidad. Las conclusiones de este estudio no pudieron ser rebatidas, entre otras razones porque la consultora gozaba de un gran prestigio internacional. El Consell encargó varios más para ampliar la información, y se logró que el Gobierno central incluyera a Valencia en sus planes para la red de alta velocidad.