Susana Barberá, Castelló
«El 85% de los profesores declara haber sufrido falta de respeto por parte de sus alumnos». Así se manifestaba ayer Beatriz Rabasa, profesora de instituto de Matemáticas y abogada especializada en temas de mediación familiar.
Rabasa lleva más de diez años como representante del profesorado en el Consejo Escolar Valenciano. Es también miembro del Comité de Seguridad y Salud Laboral como delegada de prevención de riesgos laborales, de ahí su preocupación por cuestiones relacionadas con la salud de los docentes. Beatriz Rabasa presentó ayer en la librería Babel de Castelló su último libro El profesor quemado de la editorial RIE, un acto en el que estuvo acompañada por Enrique Luján, presidente del Consejo Escolar Valenciano y autor del prólogo del libro.
La docente explicó que el síndrome del profesor quemado afecta principalmente al primer ciclo de secundaria pero últimamente se ha detectado también en maestros de primaria, por lo que se adelanta el problema. Rabasa define el síndrome como «el profesorado está sometido a un estrés continuado motivado por la falta de disciplina, en un clima de falta de respeto continuo que genera un conjunto de síntomas que se pueden condensar en tres: un cansancio emocional profundo, una despersonalización o incapacidad de cumplir y al mismo tiempo no se siente implicado en su trabajo y en tercer lugar, una baja realización personal o autoestima».
Uno de los problemas que detecta esta experta en mediación escolar radica en el propio sistema educativo. «La Logse ha fracasado y todas las reformas educativas posteriores. Aunque en un principio era un sistema bienintencionado porque aquello de que el aprendizaje debe ser lúdico, no está dando buen resultado».
A pesar de la Logse, reconoció que «no es negativo que la edad de escolarización obligatoria se haya aumentado a los 16 años, lo que deberían es ofrecer itinerarios para que los estudiantes puedan elegir y de este modo estarían mejor en clase todos, los alumnos y los profesores».
Soluciones
Entre las soluciones que aportó Rabasa a la hora de hacer frente a este síndrome se encuentra potenciar la mediación escolar, un régimen disciplinario que no establezca tanta burocracia, es decir que el plazo entre la infracción cometida por el alumno y la sanción del centro sea como mucho en quince días, para que el alumnado tenga claro que se le aplica una medida correctora frente a un hecho que ha realizado incorrecto.
La autora del texto también señaló que «los profesores universitarios no tienen este síndrome porque en sus aulas no existe la falta de respeto que detecta en primaria y secundaria, aunque el nivel con el que llegan los alumnos a las universidades es muy bajo y tienen falta de interés».