Alfons Garcia,
Valencia
Como era de prever, la polémica por los ataques a la familia real marcó ayer la tradicional manifestación reivindicativa del Nou d'Octubre, convocada por entidades cívicas y partidos de izquierda y nacionalistas. Mientras la cabecera de la marcha iniciaba entre
tabalets
y
dolçaines
el camino hacia la estatua de Jaume I, jóvenes de los grupos más radicales (Maulets, Endavant y la Coordinadora d'Assamblees de Joves de l'Esquerra Independentista, Cajei) prendían fuego a una pieza de rey de ajedrez de cartón de un metro y medio de altura. Así empezaba la tarde en la plaza de San Agustín de Valencia, con esta acción simbólica contra la corona, que vaticinaba el final de casi dos horas después en el Parterre, a eso de las ocho de la tarde. Tras la lectura del manifiesto oficial de la manifestación, representantes de los grupos juveniles independentistas cogían el megáfono para leer su propio documento, lanzar vivas a Terra Lliure y quemar una decena de fotocopias (tamaño A-3 algunas, otras más pequeñas) de fotografías del rey, la reina y el Príncipe Felipe. Incluso alguna imagen de Felipe V. Al tiempo, otros jóvenes mostraban carteles con el lema
«Jo també soc antimonàrquica»
.
Y todo ello en medio de una fuerte tensión por la presencia de unas decenas de simpatizantes anticatalanistas -entre ellos, el presidente del Grup d'Acció Valencianista (GAV), Manuel Latorre-, que con sus gritos y acciones alteraron el final de la manifestación, que reunió a varios miles de personas (10.000, según la organizadora Comissió 9 d'Octubre; 2.000, según la Policiía Local). Uno de estos activistas contrarios a la marcha fue detenido tras encaramarse a la escultura de Jaume I, atarse a ella con una
senyera
valenciana e intentar quemar una catalana, informaron fuentes de la Delegación del Gobierno.
Al margen del episodio de la figura real de ajedrez, la tradicional cabalgata reivindicativa se desarrollaba dentro de la normalidad habitual -algún huevo lanzado desde un balcón de la calle de Colón, gritos en favor de la independencia y los Països Catalans- hasta que la parte trasera de la marcha (donde van los jóvenes de los grupos radicales) alcanzó la plaza de los Pinazo. Un grupo de anticatalanistas, que según testigos presenciales ya había agredido a una manifestante, profirió insultos y provocaciones. Ello dio pie a algunas carreras y persecuciones por Don Juan de Austria, mientras los primeros mostraban una bandera con el emblema del GAV. Así, hasta que llegaron unos cuantos agentes de Policía Nacional y se interpusieron entre unos y otros.
El enfrentamiento se trasladó entonces al Parterre, donde los simpatizantes del GAV fueron recluidos por la policía en la zona recayente a la calle de La Nau. Desde allí prosiguió el intercambio de cánticos e insultos entre los independentistas radicales, que intentaban continuar con su acto, y la treintena de anticatalanistas. Mientras tanto, los manifestantes que quedaban -la parte oficial y política ya se había ido- soportaban los huevos que caían desde la terraza de un edificio.
Al final, tras la quema de fotografías, todo acabó con la interpretación de la
moixeranga
y la consigna de no separarse a la salida. Mientras tanto, a solo unos metros, moros y cristianos (de disfraz) desfilaban a ritmo de fiesta por la calle de La Paz.