Teresa Domínguez, Valencia
Apenas diez días después de que fuera hallado el cuerpo sin vida de la víctima, que tenía 53 años, los investigadores de Homicidios han localizado, detenido y traído de vuelta a Valencia a los sospechosos.
Los detenidos, cuya llegada a Valencia estaba prevista para anoche, vivían en el piso de la calle Garrigues como subalquilados, al igual que otros dos hombres ajenos al crimen y cuya declaración ha sido fundamental para el esclarecimiento del caso.
La víctima, tal como publicó este diario, carecía de trabajo, por lo que había subarrendado varias habitaciones de la vivienda para sumir el pago de los 750 euros del alquiler.
Según ha podido saber Levante-EMV de fuentes de toda solvencia, los dos miembros de la pareja se convirtieron desde el principio en sospechosos principales del homicidio, dado que su súbita desaparición coincidía con la data de la muerte fijada por la forense durante la autopsia.
Además, la policía científica recogió numerosas huellas y otras evidencias en lugares estratégicos para la imputación de los dos franceses, cuya búsqueda prioritaria ya avanzó este periódico en su edición del pasado día 10.
Ambos se prostituían
Según las mismas fuentes, tanto el hombre como la mujer, cuya identidad no ha trascendido, se dedicaban en Valencia a la prostitución. De momento, no ha trascendido el móvil del crimen y todo apunta a que el hombre sería el presunto autor material del crimen, mientras que ella estaría acusada de complicidad.
El homicidio fue descubierto en la noche del jueves, día 8 de noviembre, cuando uno de los subarrendados regesó al domicilio después de varios días de ausencia. Tras buscar a Francisco -Paco para sus amigos- por toda la casa sin éxito, entró en un pequeño cuarto que la víctima solía emplear como despacho y fue entonces cuando lo encontró.
El cadáver, en el que la forense contabilizaría un día después más de veinte lesiones infligidas con un arma blanca, estaba envuelto en plásticos y precintado con cinta adhesiva ancha y, finalmente, cubierto con una manta para disimular aún más su presencia. Sin embargo, el avanzado estado de descomposición hizo que el mal olor delatase su presencia en cuanto el inquilino entró en la casa.