José Parrilla, Valencia
Una disputa por la conveniencia o no de una llamada telefónica originó el secuestro de tres funcionarios de la prisión de Valencia por cuatro reclusos del módulo de aislamiento, una especie de motín que se prolongó por espacio de doce horas y que terminó cuando los reclusos, armados con pinchos carceleros, vieron próxima la intervención de las fuerzas especiales de la Guardia Civil y la juez de Picassent les garantizó por escrito que serían trasladados a otras prisiones.
Eran las seis y cuarto de la mañana del día de ayer cuando los responsables de prensa de Instituciones Penitenciarias y de la Delegación del Gobierno en la Comunitat Valenciana comunicaron a los medios de comunicación la liberación del tercer rehén
Doce horas antes, a eso de las seis de la tarde del día 27, nada hacía pensar en ello, pero un enfrentamiento entre un funcionario y un interno por una llamada de teléfono encendió
Armados con pinchos
En esa disputa, el preso golpeó violentamente en la cara al vigilante y consiguió reducirlo. Luego llegaron los otros dos compañeros del funcionarios y varios internos más que lograron hacerse con el control gracias a la utilización de cuatro pinchos carceleros a modo de cuchillos, un destornillador y unas tijeras. Aunque se trata de un módulo de aislamiento, lo normal es que determinadas actividades, como salir al patio, las hagan de cuatro en cuatro, explicaron las fuentes.
Una vez reducidos, los esposaron a las rejas de acceso al módulo -uno de ellos con los brazos cruzados para que no pudieran cerrarlas desde fuera- y les ataron los pies con los cordones de los zapatos. También se hicieron con la emisora de comunicación y con las llaves de las celdas, lo que les permitió liberar a los otros presos del módulo (en total eran 28) e invitarlos al motín.
Según los funcionarios, en principio hubo siete presos que mostraron cierta disposición a seguir los pasos del promotor del incidente, pero finalmente sólo fueron cuatro los que tuvieron una participación activa.
Nada más conocerse el hecho, la propia prisión montó un dispositivo de seguridad para recuperar el control e inició una negociación. Todos estaban en el pasillo de acceso al módulo, pero como hay un recodo no podían verse. Sólo por la voz podían saber que estaban bien e intercambiar puntos de vista.
En principio, los reclusos pidieron droga, -los funcionarios creen que heroína- y la presencia del recluso S. B., interno en el módulo 7 de cumplimiento, uno de los más conflictivos por albergar a presos que acaban de salir del primer grado penitenciario.
Ninguna de estas peticiones les fue concedidas y a partir de ahí fueron rebajando sus pretensiones hasta hacerlas casi «ridículas», dijeron las fuentes. Entre las cosas que pedían había tranquilizantes para dormir y más libertad para hacer llamadas a sus familiares.
Con este nivel de peticiones, los responsables de la prisión creyeron que podían resolver el motín con sus propios medios e iniciaron una negociación en la que participó un director de centro, una subdirectora médica, un jefe de servicio y hasta un interno muy respetado por el conjunto de los reclusos. Instituciones penitenciarias envió rápidamente a sus negociadores profesionales y a la Unidad Especial de Intervención de la Guardia Civil, pero prefirieron
Sobre las doce de la noche el subdelegado del Gobierno en Valencia, Luis Felipe Martínez, que dos horas antes había comparecido ante la prensa para decir que no había heridos y que la situación estaba controlada, comunicó la liberación de uno de los rehenes
Sin embargo, la flexibilidad de tres de los secuestradores era contrarrestada por la violencia del cuarto y la liberación del último rehén
Según fuentes del Tribunal Superior de la Justicia de la Comunitat Valenciana, la jueza, tras garantizarse su seguridad y acompañada por tres negociadores, se acercó a los internos para garantizarles su integridad física y leerles un documento escrito «en el que se certificaba que si aceptaban deponer su actitud y liberar al rehén, los cuatro presos serían inmediatamente trasladados a otras cárceles».
Esto desató un diálogo de alrededor de media hora que acabó con la entrega y el fin del secuestro. El funcionario liberado tampoco había sufrido daños. Sólo sufría, como sus compañeros, la tensión de medio día de agónico cautiverio.