Levante de Castelló, Castelló
El 24 de septiembre de 1966 el Boletín Oficial de la Provincia confirmaba una noticia esperada: la villa de Campos de Arenoso quedaría definitivamente sepultada bajo las aguas de un embalse, el actual pantano de Arenós. Hoy, 41 años después, otras aguas, las del tiempo, han devuelto a la superficie decenas de lápidas, probablemente las que sepultaban a los vecinos que un día vivieron y murieron en uno de los más bellos parajes del interior de Castelló.
En los últimos días, las lápidas han quedado al descubierto en un paisaje onírico, casi caucásico, que bien podría haber sido fuente de inspiración para Bram Stoker. El descenso en el nivel de las aguas como consecuencia de la sequía podría haber provocado que el cementerio de lo que durante siglos fue una tranquila localidad haya sido arrancado del fondo del embalse y quedado al descubierto.
Lo curioso del caso es que ninguna administración ni organismo público se atreve a dar una explicación de qué es lo que ha sucedido realmente. Es más, todos los portavoces oficiales aseguran que no saben nada del asunto. Ni la Guardia Civil, ni las autoridades municipales ni la Confederación Hidrográfica del Júcar. Nadie ha dado una versión de lo ocurrido. El silencio rodea el misterioso hallazgo.
En diciembre de 1974, cuando las aguas cubrían ya el embalse, un decreto del Consejo de Ministros decidió que el municipio pasara a formar parte de Montanejos. En 1977 fueron derribadas las últimas casas que no habían quedado sepultadas en el embalse. Acababa así la historia de este pueblo.
Campos de Arenoso tuvo su origen durante el dominio árabe, como casi todos los pueblos de la cuenca del Mijares. Jaime I la conquistó en 1237. Su nombre, al igual que La Puebla, Cortes y Calpes, lo tomó del castillo de Arenós, situado en la cima del monte de la Viñaza y perteneciente al señorío de Arenós. Más tarde formó parte del Ducado de Villahermosa. Dentro de este ducado, Campos de Arenoso era un núcleo de edificaciones, incluyendo administrativamente a La Puebla.
Así, su iglesia de San Pedro, levantada en 1631, era aneja a la de La Puebla. Pero de acuerdo con su creciente empuje, el 23 de marzo de 1841, la localidad se independizó, asignándose como término municipal la cuarta parte del de La Puebla.
En los años sesenta, el desarrollismo urbano empezó a exigir más recursos hídricos. Fue entonces cuando el Gobierno se planteó la necesidad de construir un pantano que abasteciera a la población. Era la moda de la época. Todos los habitantes tuvieron que dejar su tierra. Todos menos los que ya no estaban entre los vivos. 41 años después parece que han vuelto.