Víctor Romero, Valencia
En los mentideros populares se asegura que Ana Michavila, la jefa de gabinete del nuevo jefe del Consell, fue muy incisiva recomendando a su superior la poca conveniencia de asistir a esa reunión. Su Ejecutivo acababa de presentar el llamado Manifiesto de Ares del Maestre, un decálogo de medidas para impulsar el uso del valenciano en la Administración autonómica.
Como publicó ayer este diario, la periodista Pilar Cernuda revela en su libro Contra el talante. Rajoy y la oposición a ZP que el entonces portavoz y ministro de Trabajo, Eduardo Zaplana, había llevado ese documento a Aznar "criticando la actitud de Camps por abrir un frente lingüístico". El presidente del Gobierno cogió en un aparte en la reunión de Moncloa a Esteban González Pons y a Gerardo Camps, "y en tono muy crítico les dijo que no se habían ganado las elecciones para que Valencia se convirtiese en una comunidad nacionalista". Después, Aznar, que destaca por su marcado nacionalismo español, pidió a Camps que renunciase al manifiesto o él mismo viajaría a Valencia para anunciar su retirada, según relata Cernuda.
Días después, en la celebración institucional del Nou d'Octubre, Camps modificó un discurso que tenía preparado íntegramente en valenciano para hablar también en castellano, y eliminó algunos párrafos de reivindicación del autogobierno valenciano, según sostienen fuentes populares. Ese fue uno de los detonantes de la crisis y batalla por el control del PP valenciano que Camps y Zaplana han librado desde 2003. El suceso venía caliente. En julio González Pons -entonces conseller de Educación y Cultura- aparcaba la ampliación del IVAM argumentando que había que reorientar fondos para eliminar barracones. Unas palabras que Zaplana interpretó como un cuestionamiento directo de su gestión. Algunos diputados zaplanistas comenzaban a reclamar dimisiones y el 28 de octubre, el entonces presidente de la Diputación de Valencia, el zaplanista Fernando Giner, ordenaba al grupo popular que votase en contra del decálogo de la lengua impulsado por Camps.
Cernuda relata que Camps reunió a los consellers no zaplanistas "y les advirtió que sólo tenían dos salidas: o dimitían todos, incluido él, o intentaban ganar un partido que era verdaderamente imposible de ganar". No fue el único amago de dimisión de Camps. En ámbitos populares siempre se ha especulado con que Zaplana presionó lo que pudo e incluso barajó la opción de situar a Alicia de Miguel al frente de la Generalitat. Zaplana ya había conseguido poner a José Luis Olivas al frente de Bancaja, frente al candidato de Camps, Julio de Miguel.
Pero el 14 de marzo de 2004 el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero ganó las elecciones generales y Zaplana, que aspiraba a una vicepresidencia con Mariano Rajoy, perdió todo su poder institucional. Camps ya había cambiado de número de móvil y dejaba de cogerle el teléfono a su archienemigo interno. A partir de ahí se abrió una batalla total entre ambos que el jefe del Consell ha conseguido vencer. Hasta el momento.