Eloïssa Vidal, Dénia
Exhibir de la producción del séptimo arte se hace, en estos momentos, cuesta arriba. Pero, concretamente las salas de cine tradicionales son las que desde los años setenta y ochenta han visto como iban cerrando las taquillas. En la Marina Alta los telones bajaron en estas décadas en casi todas las poblaciones, cuando años antes el cine había sido el novedoso pasatiempo de jóvenes y grandes que llegó a convertirse en un lugar de encuentro social. Hasta ahora sólo han sido capaces de mantenerse en la comarca mantenerse el cine Condado de Dénia y el Jayan de Xàbia, sin olvidar los dos autocines de estas ciudades. Para ellos, la prueba de fuego la constituirá la inminente apertura de las multisalas del centro comercial de Ondara, a mediados de febrero.
El acceso a cualquier título cinematográfico es cada vez más fácil a través de Internet. Las nuevas tecnologías y la rapidez de acceso han jugado en contra de las salas tradicionales. Toni Reig, coautor del libro "Dénia, ciutat de cine", explicó que los pocos exhibidores de las salas tradicionales que lograron superar la crisis de los ochenta "se han acomodado ante la falta de competencia" y, en consecuencia, no se han arriesgado a incorporar nuevas formas de hacer y presentar el producto de la manera que el nuevo tipo de exhibidores han generalizado.
No todas las películas llegan a proyectarse y los estrenos tardan más a llegar a la cartelera. Son los principales argumentos que juegan en contra de los cines tradicionales. A favor: la cercanía y la tranquilidad alejada de las grandes aglomeraciones.
Los años treinta y cuarenta supusieron un boom para el cine en la Marina Alta. Valía tanto una sala adecuada para el visionado, como un improvisado almacén con una sábana blanca a la que apuntar el proyector. No había pueblo sin cine. En los años 30 se censaron oficialmente 23 salas en la comarca. Un auge que continuó hasta la década de los cincuenta. El final de los años 70 y los inicios de los 80 fueron dramáticos para los cines. Durante esos años cerraron en cadena muchas salas históricas. Ahora queda el antiguo cine Victoria de Pego, reconvertido en Teatro Municipal. El cine la Paz de Gata, que empezó a rodar en 1923, cerró sus puertas en 2003. Otros cines históricos fueron el López Cabrera de El Verger; la sala de verano Miraflor de Ondara o el cine Victoria de Calp.
En Dénia, llegaron ha convivir hasta cinco salas, El Teatro Circo, El Salón Moderno, el Cine Sol, El cine Avenida y la Rosaleda, las dos últimas eran terrazas de verano. Según Reig, en una semana podían pasar por la cartelera veinte títulos, llegando a cambiarla dos veces por semana. En comparación, los amantes del cine de la comarca están viviendo una situación "lamentable" en cuanto a oferta actual. Cabe atender al consumo en las multisalas de los cinéfilos y el comportamiento por el que se decantan las salas tradicionales ante una nueva y potente competencia.
Pero no sólo tuvo buena aceptación el consumo de filmes por parte del público, sino que, además, Dénia fue señalada por productores principalmente extranjeros para rodar superproducciones. El Capitán Jones (1958), El hijo del Capitán Blood (1961), Al este de Java (1967) fueron algunas de las películas más destacadas que los más mayores de la ciudad aún recuerdan el revuelo que organizaron. Los motivos marineros eran el principal aliciente que Dénia ofrecía como decorado.
La historia se resiste
El cine Condado cuenta con una inmensa sala. Su ubicación en la principal calle de Dénia le ha servido para captar algo más de público en cada sesión. Pero las grandes dimensiones del teatro hace imposible llenarlo con una oferta muy limitada. Por su parte, el autocine Drive In, comparte enclave con la potabilizadora, y con la futura desalinizadora de Dénia, lo que podría afectar al negocio cinematográfico según su gerente.
En Xàbia, el programa del Seté segell propone una filmografía de autor y fuera de los principales canales de distribución. Además, la apuesta por la versión original son dos opciones que están salvando las cuentas, según el dueño del Jayán, Antonio Catalá.