Efe, Benidorm
El acto comenzó a las 12 y, con ella, el parque quería celebrar la aceptación de Petita, que ya es conocida como "la elefanta fea", por un macho y su integración en el territorio y en el grupo.
La elefanta, de 34 años, pesa 2.900 kilos de peso (las hembras de su especie alcanzan los 4.000), tiene los huesos de la mandíbula y la órbita craneal muy marcados y las patas largas. Por eso, los machos de la especie la repudiaban. Hasta debía correr para evitar las agresiones de algunos.
Esta situación cambió cuando se hizo amiga de Kaisoso, una elefanta de Birmania que hizo de Celestina para Petita y procuró que fuera aceptada por la manada, protegiéndola en situaciones de conflicto. Su empeño permitió que Luka, un macho de 5 toneladas, "esbelto y de patas muy largas", se fijara en ella y comenzara a "rondarla" en época de celo.
El parque quiso celebrar esta aceptación con una ceremonia en la que se lanzaron pétalos de rosa a la pareja, así como dos anillos hechos a base de frutas frescas y ficus, un manjar muy apreciado por los elefantes. El biólogo conservador de Terra Natura, Daniel Sánchez, confia en que tengan descendencia. El sacerdote que bendijo la unión, René Figueroa, que oficia por primera vez una ceremonia de este tipo, no dudó en participar cuando supo que los elefantes "son una especie en peligro de extinción". "A veces los animales dan lecciones de convivencia y de aceptación y aquí tenemos el vivo ejemplo", asegura.