24 de marzo de 2016
24.03.2016

Dos templos marineros

24.03.2016 | 04:15

De las cuatro iglesias parroquiales que hay en el Canyamelar y el Cabanyal, dos de ellas tienen un pasado inequívocamente marinero, no solo por la profesión e idiosincrasia de sus respectivas feligresías, sino incluso por las características arquitectónicas de su fábrica a lo largo del tiempo. Se trata de la iglesia de Ntra. Sra. del Rosario en el Canyamelar y la de Ntra. Sra. de los Ángeles en el Cabanyal.

Con respecto a la primera de ellas dice Martínez Aloy: «según memoria de los antiguos, la iglesia de la Virgen del Rosario estaba en la misma playa, y en su fachada subsistieron muchos años dos grandes anillas, que sirvieron para amarrar las embarcaciones. En el plano de las obras del puerto, grabado por Capilla a fines del siglo antepasado [el XVIII], vese en efecto la citada iglesia en el primer término de la playa» (Geografía General del Reino de Valencia, dirigida por F. Carreras Candi, Barcelona, 1920-1927, pp. 879).

La simbiosis entre el clero a cuyo cargo estaban aquellas iglesias en el siglo XIX y los habitantes de lo que después fue el Pueblo Nuevo del Mar era total, y eso mucho antes de la exposición de la doctrina social de la Iglesia a través de la encíclica «Rerum Novarum"« en 1891. Así, se lee en las «Observaciones sobre la pesca llamada de Parejas de Bou», escritas en 1821 por el marino valenciano José Corones y Alberola y publicadas en forma de folleto por el diario «El Mercantil de Valencia» en 1866: «D. José María Bertodano, marqués del Moral, teniente de fragata retirado de la armada nacional y vocal de la junta superior provincial de sanidad. Certifico: Que en el invierno del año 1819, siendo vocal de la junta municipal de esta ciudad, fui comisionado por la misma para el socorro y manutención de los muchos enfermos de calenturas contagiosas que padecían los pescadores del Cabañal y Cañamelar de resultas de la extrema pobreza a que estaban reducidos por hallarse prohibida por real orden la pesquería nombrada de parejas de Bou: y en efecto con el auxilio de medicinas y buenos alimentos y con médicos y demás necesario que graciosamente se les facilitó por la expresada junta, y a más con las ropas y camas que les proporcionó el vicario del Cañamelar invirtiendo 6000 reales de vellón que para el efecto le libró la sociedad patriótica de Amigos del País, y con las limosnas que el cabildo eclesiástico franqueó al jurado de pescadores, se logró disipar el contagio que amenazaba extenderse a la gran población de la huerta contigua».

Décadas después otro vicario revalidó con creces lo que hizo ese innominado religioso en 1819. Leamos lo que de este hombre escribió el nada sospechoso de clericalismo Juan Renau en su libro «Pasos y sombras» (México, 1953):
«D. Luis Navarro era un hombre muy bueno y muy pobre. Era el cura de la parroquia del Rosario. Todos le llamaban "el Vicariet"€
Los obreros del Cabañal y del Cañamelar que trabajaban en el puerto, que nunca iban a misa y que soltaban tacos espantosos cuando hablaban, le querían mucho. Decían que era anarquista, como ellos y, que por eso, era tan bueno€

Un día hubo un incendio muy grande en el Cabañal [posiblemente se refiera al incendio del 30 de mayo de 1875]. Las barracas ardían como si fuesen de papel y la gente corría chillando sin saber dónde ir€ Como no había bastante agua, don Luis se metió en la acequia de Pixavaques [la que separaba el Cabanyal del Cap de França] que estaba muy honda, con sotana y todo. Iba llenando pozales de agua sucia y los pasaba a unos hombres que formaban fila y que se los iban dando unos a otros, hasta echarlos en medio de las llamas€ Aquello duró toda la noche€ Muchas personas lo habían perdido todo. Don Luis, que siempre había dado muchas limosnas, llamó a toda aquella gente y le repartió todo lo que tenía€

Don Luis buscaba trabajo para la gente que se lo pedía. Cuando se le acababa el trabajo, daba un duro a cada uno de los que iban a verle€
Cuando murió el padre Luis, su hermana tuvo que vivir de limosna hasta que una familia la recogió en su casa".

Se dice en el Canyamelar que ni siquiera en el transcurso de la guerra civil se le cambió el nombre a la calle a él dedicada en 1929.
En cuanto a la iglesia de N.S. de los Ángeles, decir que era tal su relación con la vida marinera y pescadora del Cabanyal que entre 1863 y 1925 hubo un faro instalado en una de sus torres, del que Vicente Badía dice en su libro «La huerta de Valencia»: «Su luz era fija, alcanzaba nueve millas de distancia. Servía para indicar, no sólo la situación próxima del puerto de Valencia, sino la playa donde los pescadores acostumbran a varar sus embarcaciones». Su uso se suprimió por Real Orden de 11 de diciembre de 1917, desmontándose en 1925. Esa especial relación entre la fe y el peligroso faenar en la mar («Si a Déu vols pregar ficat en la mar» dice el refrán marinero) se ve reflejada en la peculiar Semana Santa Marinera, en la que se trata a las imágenes con tanta familiaridad (los distintos Crucificados se llevan a pecho, teniéndolos después expuestos (como ocurre con otras imágenes) día y noche en domicilios de cofrades) como respeto. Es una relación indestructible.

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