27 de marzo de 2016
27.03.2016

...y esparcimiento junto al mar

Miles de ciudadanos pueblan la zona marítima y las playas y curiosean en el estrenado Marina Beach

27.03.2016 | 04:15
...y esparcimiento junto al mar

Hace cinco días comenzaba la primavera, pero ayer Valencia amaneció como si de un día veraniego se tratara. Los termómetros llegaron a marcar los 28 grados, aunque según Aemet, la máxima oficial en la capital fue de 26 (28 en Xàtiva y 27 en Manises). Con el buen clima reinante en la ciudad y aprovechando las fiestas de Semana Santa, miles de valencianos y visitantes se acercaron a la playa del Cabanyal para disfrutar de un día de playa.

Los alrededores de la playa estaban abarrotados, la gente buscaba desesperadamente sitio para aparcar y a medida que pasaron las horas de la mañana era mayor la afluencia de gente que paseaba por la zona. Transeúntes, bicis y patines inundaban el paseo, mientras que el cielo era para las cometas, que los niños volaban junto a sus familiares.

De camino a la playa, la mayoría de la gente se detenía sorprendida en la que promete ser una de las grandes atracciones de Valencia, el Marina Beach Club Valencia. El buen clima favorece la parada para poder disfrutar de las novísimas instalaciones de un local situado casi a pie de playa.

Allí, disfrutando de un mojito de fresa, se encontraban ayer Nuria y su pareja Fernando, quienes aprovecharon las fiestas para pasar el día en Valencia. Fernando confiesa que es la primera vez que viene, «había oído hablar del local, pero para nada me lo imaginaba así, es de película».

Ayer era el primer sábado de la temporada, el clima y las temperaturas acompañaban, y esto llevó a que la terraza del Marina Beach se llenara ya desde primeras horas.

El panorama incluye camas balinesas, una piscina con dos motos de agua, música «chill out» y lo mejor, vistas a la playa del Cabanyal, totalmente abarrotada ayer.

Mientras se acercaba la hora de la comida, cada vez iba llegando más gente para tomar sitio en el restaurante que se encuentra en la parte interior del local. En la parte exterior, la fiesta no paraba: camareros sirviendo «a diestro y siniestro», gente bailando con música de fondo, cócteles y copas por todos los lados.

A un paso de este gran complejo, la playa relucía con una gran variedad de sombrillas, lo que quiere decir que el sol aprieta. Como si de agosto se tratase, algunos paseaban sin camiseta, otros iban acompañados de sus neveras. Entre esa multitud y con una pamela aparece Manuela. «Cuando me he levantado esta mañana „por ayer„ y he visto el sol que hacía, no he dudado en ponerme el bañador y venir. Además, aprovecho y como con mis nietos en la playa. Hasta que no se vaya la luz no nos movemos de aquí», aseguraba.

El tiempo también está sentando muy bien a la hostelería: en las terrazas no cabe ni un alfiler. Además han tenido la suerte de juntar las Pascuas con las recién acabadas fallas. Uno de esos locales es Vivir Sin Dormir, con más de 30 años de experiencia. Ayer estaba el hijo del propietario, Manuel Sobreviela. «En esta época casi siempre estamos abarrotados, pero este año se ha juntado con el buen tiempo y estamos muy contentos de que esté tan lleno», afirmaba entre comanda y comanda.

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