EFE
"Un día empecé a vivir como vive un espantapájaros, con el alma de madera y las manos de paja... No está tan mal, al menos un espantapájaros sufre menos que un ser humano, del que tan solo es una caricatura", escribe Cyrulnik en "Autobiografía de un espantapájaros", premio Renaudot de Ensayo en Francia y publicado en España por la editorial Gedisa.
A su juicio, precisamente porque nos interesan los espantapájaros, "somos más humanos que antes" y "en lugar de tirarlos, ahora tratamos de reintegrarlos en la condición humana".
¿Existe alguien que pueda vivir en un goce perpetuo sin sufrimiento?, se pregunta Cyrulnik, que perdió a sus padres durante la ocupación nazi y que, desde entonces, fue criado por la beneficencia.
"Mi infancia me llevó a ser psiquiatra, pues si hubiese sido una persona equilibrada, solamente me hubiese dedicado a ser ebanista o tanguista", confiesa a Efe.
El libro reúne testimonios de niños de la guerra, marginados sociales o supervivientes de genocidios que recurrieron a la resiliencia, la capacidad para superar sus traumas y "volver a la vida".
"A veces es una terapia, pero a menudo es la propia existencia la que proporciona la capacidad de la resiliencia", señala Cyrulnik, quien recuerda que si no hay un entorno afectivo y una cultura adecuada la recuperación no se producirá jamás.
Así, tras los atentados terroristas del 11-M, "la sociedad española reaccionó muy bien no abandonando a las víctimas", por lo que "el apoyo y el auxilio son factores de resiliencia fundamentales", apunta.
A su juicio, a veces contar el trauma resulta difícil y la novela, la película o la obra de teatro son un buen recurso para "modificar la representación del pasado" y hacer público el sufrimiento en tercera persona.
"Todas las existencias son novelas apasionantes" sostiene este psiquiatra, que, al referirse al fenómeno de la memoria histórica en España, distingue entre aquellos actos que traen el pasado como una declaración de guerra y los que aspiran a comprender lo que sucedió.
"Es posible construir una vida feliz desde una infancia desgraciada pero no es el camino más fácil", advierte Cyrulnik, para quien "el peor de los malos tratos es el abandono afectivo de los menores".
Considera que la mejora tecnológica es la culpable de la soledad infantil, una generación "más inteligente y desarrollada físicamente que las anteriores, pero más vulnerable emocionalmente".
La empatía, "ese ejercicio intelectual y afectivo que permite visitar el mundo de los demás", ha sido sacrificada por el empobrecimiento afectivo.
Cyrulnik ha estudiado psicológicamente la mente del terrorista y aún muestra su sorpresa cuando dibuja su perfil: hombre joven y educado en una familia bien estructurada "que no duda en poner una bomba para matar a cientos de inocentes".
"¿Por qué hay tantos médicos entre los terroristas?", se pregunta también este psiquiatra, que los describe como "seres con una vida aburrida y que, un buen día, un líder político o religioso les hace despertar una pasión inaudita".
El perfil coincide con el de Beñat Aguinagalde, que hasta hace unos días alternaba su licenciatura en Medicina y la preparación del MIR con su actividad en un comando 'legal' (no fichado) de ETA.