Y concluida la feria de Sevilla, uno no puede dejar de comparar su resultado con el logrado en nuestra plaza en fallas. Tremendo fiasco, el sevillano. Y de nota el valenciano. Uno condicionado por la televisión, y el de casa, liberado de las imposiciones del soporte televisivo. Al final uno acaba respirando aliviado cuando comprueba que en su plaza -la que sentimos y defendemos- las cosas se hacen de otra manera, atendiendo a criterios meramente profesionales y sin extrañas componendas, aunque sea a pesar del diputado que rige los asuntos taurinos del cap i casal.
Cuando Isidro Prieto habla de televisión en Valencia se le llena la boca de promoción, de proyectar una imagen -¿la de Valencia?, ¿o la propia?- al resto de España que atraiga las miradas sobre nuestra plaza de toros. Da lo mismo cuál sea el coste de dicha acción -que puedan faltar toreros como José Tomás, Cayetano o Perera- y que ésta se adopte en virtud de la modificación de un pliego de condiciones que roza la ilegalidad. Tampoco importa que para conseguir el objetivo de televisar se tenga que asistir a la presentación de la programación de Digital Plus en Sevilla y que se asienta con la cabeza, con mueca de desolación, cuando a uno le recuerdan que su plaza carece de peso específico porque no televisa su feria.
Mientras en Valencia se siga aplicando la receta de la cordura y la profesionalidad y el señor Prieto viajando para aprender cómo se hacen las cosas en otras plazas, de la mano siempre de almas caritativas y desinteresadas, estamos salvados.