Ricardo Rodríguez, Valencia
-¿Qué tiene la Cuba de Batista que la hace tan atractiva para los escritores?
-Sobre todo es porque se cumplen 50 años de la revolución de Castro. Es una efeméride muy importante que se convirtió en el punto de partida de esta novela. Los cincuenta suponen el apogeo de las dictaduras latinoamericanas, en Cuba, República Dominicana, España, ArgentinaÉ Por todas las esquinas del continente surgieron dictadores que utilizaron el progreso como eslogan de sus dogmas. Esta novela juega con la realidad y la ficción, y en aquella época en Cuba surgió la televisión, con lo que la radionovela de más éxito del país se convirtió en telenovela. De ahí que los dos personajes principales muestren esos dos caminos: uno el de la telenovela, y el otro el de la política. Fueron dos revoluciones surgidas al mismo tiempo y que se extendieron por toda Latinoamérica.
-¿Quizá es que el país se volvió más aburrido con Fidel?
-No. Al contrario. No se pueden olvidar hechos como los que se relatan en Antes que anochezca, donde se narran todas las purgas políticas de una revolución que se dio cuenta de que necesitaba ser más cruenta para sostenerse unos años más. Pero lo cierto es que la mayoría de los grandes escritores latinoamericanos, desde los sumos pontífices hasta los recién llegados, han tenido una debilidad ideológica por la Cuba de Castro, y por eso hay muchas cosas aún por contar.
-¿Ha sido la telenovela la mayor aportación latinoamericana a la cultura universal?
-No, pero sí una de las mayores. Lo que sí ha sido es un elemento de cohesión. Los peruanos, los chilenos, los venezolanos o los ecuatorianos pueden ser muy diferentes, pero se unen a través de la telenovela. Por eso me siento orgulloso de haber formado parte de ello al principio de mi carrera.
-Siempre se le ha acusado de frívolo. ¿La dureza que planea sobre esta novela es un contraataque a esa opinión?
-No, porque las etiquetas que yo tenga no me las he puesto yo. Las novelas las escribes esperando que los personajes empiecen a dominarte. Aquí son los dos protagonistas los que me han pedido que escriba de esta forma. El episodio de los abusos a menores es una manera mía de hablar del mayor cáncer de la sociedad americana, que es la corrupción y la impunidad que lleva asociada.
-¿Pero cree que se le respeta más desde que fue finalista del Planeta?
-Creo que he conseguido un lector, y he escrito pensando en él. Si la novela está bien situada en todas las listas es porque ese lector y yo hemos vuelto a conectar.
-¿Cómo ha sido su regreso junto a Sardá?
-Es bueno estar en una experiencia totalmente nueva. Crónicas fue un hallazgo en nuestras vidas y ahora con La tribu la audiencia nos está demostrando que debemos replantearnos muchas cosas. Y eso es bueno.