EFE/S.GOLF NUEVA YORK/VALENCIA
El cartel ocupa cinco plantas de la fachada de un edificio y muestra a cuatro jóvenes con los torsos desnudos y besándose. No es la primera vez que una campaña de Klein despierta la polémica. Junto a D&G y Abercromibie & Fitch (con dorsos de jóvenes fornidos por todas partes), es una de las empresas que ha despertado más controversias por la sexualidad implícita en su publicidad y el uso de modelos adolescentes.
La más reciente la protagonizó el pasado año Eva Mendes, quien aparecía en posturas sensuales en un anuncio de perfume que fue retirado al poco de su primera emisión. Peros la marca de la casa desde sus orígenes. Ya en los años 80 una casi niña Brooke Shields proclamaba "Entre mis CK y yo no hay nada". Más tarde elevaba a Kate Moss a la categoría de musa con debate sobre su delgadez.
Tampoco es la única. Armó revuelo el anuncio de Gucci (Mario Testino, 2003) en la que una mujer mostraba una G rasurada en su pubis. Dolce&Gabanna tuvo que retirar otra campaña porque se consideró que insinuaba malos tratos. El "rey" de la publicidad-escándalo es, por supuesto, Oliviero Toscani para Benetton. Sida, relaciones interraciales, religión (¿recuerdan a una monja besando a un cura?)...
¿Hasta qué punto son realmente escandalosos? ¿En qué proporción la controversia está calculada? El objetivo de la publicidad es vender y el intangible que se vende es el deseo. Lo explica Ana Portaceli, presidenta del Colegio de Publicitarios de Valencia. En España existe un organismo de autocontrol, que vela sobre todo por la protección de la infancia y el uso sexista de los mensajes. También está la Ley de 1982. Pero, más allá, "cada uno opta por vender de una manera". De todos modos, en España las campañas son más "light".