Por LuIs Moreno Buj
En la Vall de Moixent y de Fontanars los viticultores y bodegueros de principios del siglo pasado se dedicaron al cultivo de la Verdil y de la Pedro Ximénez (PX) por la importante demanda de vinos blancos para la elaboración de los finos, manzanillas y amontillados de Montilla-Moriles y del Marco de Jerez. Hoy apenas queda dos hectáreas de viñedo de esta casta blanca en Moixent como testimonio de la importancia que tuvo para la economía vitícola de la zona. En contraposición a la neutra Palomino y a la discreta Verdil, la Pedro Ximénez produce unos vinos de marcada personalidad, con mayor cuerpo y frutosidad. Pero es una cepa muy sensible, a la que las lluvias del final del verano pueden causar muchos problemas de sanidad en las uvas. En cuanto bajó la producción de vinos generosos fue arrancada y sustituida por otras varietales y por diferentes cultivos de secano.
La Bodega Cooperativa San Pedro, de Moixent, está elaborando de la mano de su director técnico Pablo Cortés, unos tintos jóvenes y de crianza con la nueva marca Clos de la Vall que siguen la estela de los buenos vinos que se hacen en esta subzona de la Denominación de Origen Valencia. Además, elaboran unas pocas botellas de PX seco que llama la atención. El Clos de la Vall PX de 2008 es un vino blanco fermentado en barricas, en las que permanece seis meses en contacto con sus lías. Es de color oro pálido y en el aroma se conjuntan los recuerdos de fruta blanca, como las peras, de pámpano verde y cítricos, con los suaves especiados y tostados de la crianza. El paladar es envolvente, seco, sedoso, con la justa acidez y un sabroso amargor final. Incita a dar un trago más y a seguir tapeando, tomándolo bien frío.