Una cosa es el Tendido 7 de Las Ventas, cuya exigencia repica como un grito de seriedad, a veces desequilibrada, y otra muy distinta, por lamentable, lo que se está comprobando que pasa cada vez con más frecuencia en las plazas que estos días celebran sus ferias y fiestas. Parece como si de repente, todo lo conquistado en los últimos años, en los que el respeto por los toreros había vuelto a alcanzar carta de naturaleza en las crónicas, estuviera esfumándose por mor de estar apareciendo corridas de justo trapío pero sobre todo, con una alarmante falta de casta, siendo esto lo más preocupante porque tan importante carencia no se puede arreglar de un día para otro.
Es obvio que no se debe generalizar, pero sí de no dejar que caigan en saco roto las opiniones de aficionados que están expresando su sentir a través de blog, sitios web, correos y las propias crónicas, respecto a las privaciones de las reses que se están lidiando. De entre todas ellas, hemos elegido, a modo de puntual constatación, una auténtica perla, la que vierte Daniel Hernanz en su crónica de Burladero.com referida a la corrida celebrada la tarde el miércoles en Badajoz: "El Juli completó, sin toros (sic), una tarde acorde con su categoría de figura del toreo". Me lo expliquen.
No se trata, ni mucho menos, de sacar a pasear la guadaña de la intransigencia, el gesto adusto o la vara arbitraria de medir, mucho menos pedir el toro grande ande o no ande, aunque sí, y con tajante firmeza, de pedir mesura y equilibrio para que aparezca con urgencia el toro normal, con su seriedad normal, con la raza suficiente, también con la fuerza precisa como para que quienes estén en los tendidos no bostecen y mucho menos se crean que las monerías que hacen los espadas, también ellos serían capaces de hacérselas a los bicornios disminuidos que proliferan, ya digo, más de lo deseable. Se trata de dar un toque de atención a navegantes demasiado afanados en cantar excelencias que sólo ellos ven en el horizonte de una fiesta que dista bastante de ser la que emociona y encandila a propios y extraños.
Si hacemos esta reflexión en voz alta es para evitar en lo posible que las Mari Xosé de turno -diputada gallega del BNG, que quiere abolir la fiesta de los toros y que con tanta agudeza le ha replicado el periodista gallego Carlos Ruiz Villasuso-, o los despistados antitaurinos neoyorquinos que se han manifestado en contra de los sanfermines en Times Square, encuentren materia adecuada para seguir sembrando su sinrazón. Así que dejémonos de monsergas, de estigmatizar a quienes piden mínima seriedad, de quienes proclaman las excelencias de los toros artistas y demás zarandajas, como la de indultar a un remedo de toro que muy poco o nada tiene que ver con lo que se entiende por un toro bravo, con su punto de fiereza -no confundir con genio-, con la seriedad que le da enseñar las puntas más que los kilos, de embestir con codicia, en definitiva, con todos los ingredientes y matices que pueden hacer que el toro de lidia ofrezca emoción a raudales para que cuando se encuentre ante un torero dispuesto a arriesgar para crear arte se le admire tanto por su talento como por su valentía. Simple cuestión de principios.
Y como ya hemos dicho que no es cosa de alarmar y mucho menos generalizar, también tenemos sitio para recoger de la semana aquello que ilusiona y mantiene la llama de la afición encendida. Ya fue excelente la despedida de la anterior, con una gran tarde el domingo en Barcelona protagonizada, ahí es nada, por Morante, El Juli y Manzanares, ante toros, "justos de presentación" y de buen juego, de Juan Pedro Domecq. Pero fue el martes cuando tomó más vuelo al lidiarse en Alicante una interesante corrida de Núñez del Cuvillo, que sustituía a la anunciada y retirada por incompleta, de Zalduendo. No sabemos de quién fue la responsabilidad del cambio, presumiblemente de la empresa, pero lo cierto es que vino a ser para el aficionado alicantino como una brisa de aire fresco, de renovada ilusión. La bravura encastada y su gran movilidad, así como su codiciosa embestida, contribuyeron a tapar deficiencias de tardes anteriores legitimando los éxitos de Miguel Ángel Perera, El Juli y Manzanares.
El día de San Juan, en León, con un sobrero complicado de Las Ramblas, ponía su tauromaquia José Tomás en las alturas que a tantos produce vértigo, mientras que la misma tarde, Perera triunfaba ante un toro de Victoriano del Río, reses que no le dieron opción a Javier Conde, que completaba la terna. El jueves, otra vez en Alicante, los toros del Puerto de San Lorenzo, volvían a atenuar la baja nota ganadera contribuyendo a que Rivera y El Cordobés, merecieran el reconocimiento del público, y que Cayetano volviera se reencontrara con ese su toreo de altas calidades. Todavía el viernes hubo otra nota para la esperanza, en Algeciras, Luis Algarra lidiaba una notable corrida que sirvió para que Perera marcara una vez más las diferencias cortando cuatro orejas, mientras que ayer sábado, Ponce indultaba a Lastimoso, de Zalduendo, en León, y Rubén Pinar salía a hombros en Alicante al darle excelente réplica a un noble toro de Manolo González.