Los anillos no le llaman demasiado la atención, las pulseras la vuelven loca. Letizia nunca sale sin ellas. Una de sus preferidas es la de oro amarillo con "charms" que lleva habitualmente. Para las ocasiones elige brazaletes de brillantes y piezas que pertenecen al joyero familiar de los Borbones. La tiara es otro de los complementos a los que ha tenido que acostumbrarse. Le encanta la diadema prusiana, también conocida como Helénica, una de las más sencillas de la colección que custodia doña Sofía. Es la misma que llevó el día de su boda. Fue un regalo del káiser Guillermo a su hija Victoria Luisa, quien la cedió a su hija Federica, madre de doña Sofía, quien la llevó en su boda. Sus columnas recuerdan al Partenón.