ENRIQUE AMAT XÀTIVA
Sábado, 15 de agosto de 2009. Plaza de toros de Xàtiva. Tres cuartos en tarde calurosa. Toros de Jaralta, de correcta presentación, faltos de raza aunque manejables. Enrique Ponce (plomo y oro), silencio tras aviso y saludos.
Finito de Córdoba (blanco y plata), dos orejas y oreja. Vicente Barrera ( grana y oro), dos orejas y oreja. Entre las cuadrillas destacó la lidia de Juan Montiel y El Levantino con los palos. Presidió, con su proverbial condescendencia, Agustín Perales. Pesos de los toros por orden de lidia: 464, 452, 456, 470, 430 y 445 kilos. Finito y Barrera salieron a hombros.
El comienzo de la célebre canción El blues del autobús, del incombustible Miguel Ríos, refleja exactamente lo que es la vida de los toreros en estos meses estivales. "Cada día despierto, en distinta habitación, donde doy con mis huesos, cuando está naciendo el sol,dormimos poco y mal, quemando la salud,para llegar al quinto infierno, donde actuaré de nuevo..."
Y así, Enrique Ponce hizo el paseíllo el sábado 8 en Vitoria, el domingo 9 en El Puerto de Santamaría, el 10 en San Sebastián, y luego sin solución de continuidad Huesca, Beziers, Dax y ayer en Xátiva. Hoy lo hará en Herrera del Duque, pasado en Cantajelo, luego Ciudad Real, Bilbao.
Los toreros no son máquinas, y se nota. Por ello, ayer en Xàtiva se vio a un Ponce no más que cumplidor ante un dócil y apagado ejemplar que abrió plaza, al que mató a la última, y mejoró algo ante el manso genio del cuarto, en una labor más de fondo que de forma pero que no terminó de coger vuelo.
Lo cierto es que ayer la gente no acabó de responder a las bondades del cartel que ofreció el empresario Fermín Vioque, a quien para más inri las cuadrillas quisieron montarle una huelga por mor de las cuentas de un festival que se celebró en esta misma plaza hace año y medio, y en el que él no tenía arte ni parte.
No llegó a llenarse en los tres cuartos de su aforo la plaza, eso sí, de un público festivo y entregado que acudió con unos enormes deseos de divertirse y pasarlo bien, y con una prodigalidad entusiasta a la hora de solicitar trofeos para los lidiadores.
Se lidió de un encierro de Jaralta, de correcta presentación, cómoda por delante y cuyo juego, falto de raza, resultó en cambio manejable para los toreros. Apagado y dócil el primero, tuvo buena clase aunque justita casta el segundo, dio un juego notable el tercero. Manseó y tuvo transmisión por su temperamento el cuarto, se defendió y le faltó un tranco al quinto y quiso siempre y no dejó de repetir y humillar el cierraplaza.
Finito ofreció los mejores momentos de la tarde. Manejó el capote con prestancia y tuvo regusto su labor al segundo, al que dio kirikikis y trincherazos que fueron carteles de toros. Y se mostró dispuesto en el quinto.
Y Vicente Barrera anduvo afanoso y tesonero en el tercero, y muleteó con verticalidad y apostura al sexto, aunque, como afirmaba un aficionado, "la meua sogra diu que tot mol bé, pero en poca sustancia". Pues eso.