EFE
La Guerra Fría dejó en Phnom Penh, la capital de Camboya, una huella que perdura veinte años después de que cayera el Muro de Berlín, en forma de monumentos, nomenclaturas y edificios de estilo soviético en su versión tropical.
Monarcas camboyanos como Sihanuk, Monivong o Sothearos dan nombre a las principales avenidas de la capital, pero la nomenclatura más común utilizada para el resto de las arterias evoca al viejo mundo bipolar.
"Durante sus primeros años como dirigente, Sihanuk decidió dar a Phnom Penh una imagen particular y crear una ciudad modelo para una Camboya independiente", explica la arquitecta británica Helen Gross, autora del primer catálogo de edificios de la capital.
Una vez conseguida la independencia de Francia en 1953, Sihanuk quiso que Phnom Penh se distinguiera del resto de las capitales de Indochina y fuera el reflejo de aquella "neutralidad política" que defendía durante su etapa inicial al frente del gobierno en Camboya, al que llegó cuando abdicó tras dos años de reinado.
Pero a medida que Camboya dejaba atrás su pasado colonial, nuevos arquitectos venidos desde los países de la órbita comunista fueron uniéndose a los inquietos profesionales franceses a los que Sihanuk confió al principio su plan urbanístico.
Este grupo de profesionales extranjeros y de arquitectos locales con talento, como Vann Molyvann y Lu Ban Hap, consiguieron que la ciudad de Phnom Penh comenzara a ser llamada la "joya" del sudeste de Asia.
En conjunto, desde 1955 y hasta que Sihanuk fue depuesto 15 años después mediante un golpe de estado, se construyeron cerca de 1.300 edificaciones emblemáticas, una cifra considerable para una nación pequeña y pobre como Camboya.
Los nombres que mantienen algunos edificios y bulevares de Phnom Penh recuerdan el flirteo político de Sihahuk con los países de la órbita soviética y aquella simpatía que sintió por la China maoísta, y que atacaron de los nervios a Estados Unidos mientras combatía a los comunistas en las vecinas Vietnam y Laos.
Hoy, por la céntrica avenida de Mao Tse Tung, en la que la mañana del 17 de abril de 1975 los vecinos dieron de comer a las huestes del Jemer Rojo que entraban victoriosas en Phnom Penh, circula a diario una marea de ciclomotores y coches.
"Cuando paso por el bulevar de Mao Tse Tung recuerdo que allí vi la primera vez a los jemeres rojos, parecían hambrientos y un panadero les dio una cesta llena de panes", relata Sai Soenrith, una superviviente de los campos de trabajos forzados a los que fueron enviados a punta de fusil los habitantes de la ciudad por la guerrilla maoísta.
La calle en honor del mariscal Josef Tito, aquel dictador de la antigua Yugoslavia por el que Sihanuk no ocultó su admiración e invitó a visitar Camboya, también conserva su nombre original y evoca sentimientos dispares entre los camboyanos, ya que aquí estuvo ubicada la representación oficial del Jemer Rojo a su regreso a Phnom Penh tras el acuerdo de paz firmado en 1991.
De ese pasado filocomunista de las décadas de los sesenta y setenta quedan además algunos monumentos como el dedicado a la Amistad con Vietnam y Laos; junto a instalaciones como el Hospital de la Amistad Jemer-Soviética, transformado hoy en el principal centro del país para el tratamiento de la tuberculosis.
Otro de los vestigios de aquella época es el mercado de abastos de Tuol Tom Puong, uno de los lugares más visitados de la capital, que en los años ochenta comenzó a conocerse como el Mercado Ruso al ser frecuentado por los visitantes de la Europa del Este que se iniciaron en el consumo sin necesidad de cartillas de racionamiento.
Con aspecto de lugar siniestro, porque raramente alguna persona entra o sale del recinto amurallado, la embajada de Corea del Norte recuerda la amistad que Sihanuk mantuvo siempre con el dictador Kim Il Sung, a quien cedió su casa para alojar la misión diplomática y éste, en una aparente muestra de gratitud, le obsequió con un palacete en Pyongyang y un equipo de guardaespaldas norcoreanos.
Tras su segunda abdicación, en 2004, Sihanuk se apartó de la vida pública y se refugió en su villa palaciega del noroeste de Camboya, sin que se haya cumplido, hasta ahora, su vaticinio de que todos los países del sudeste de Asia acabarían abrazando la doctrina comunista.