EFE MÁLAGA/BILBAO
José Tomás tenía todos los derechos ayer para abrir la puerta grande de La Malagueta, pero no lo hizo por respeto a Luis Bolívar, que resultó cogido en su primer toto. No obstante, el diestro de Galapagar sí que salió a hombros entre los aplausos del público, que llegó a pagar hasta 3.000 euros en la reventa para ver al torero de moda, que ayer celebraba además su cumpleaños. El regalo lo dio él a los aficionados, porque a causa de la cogida de Bolívar toreó tres astados. En el primero, una oreja; en el segundo, dos, y en el tercero, para no faltar a la tradición, tensión y una herida en la barbilla. Tomás en estado puro.
Por su parte, Enrique Ponce ofreció ayer, por segundo día consecutivo, otra magistral actuación de en Bilbao, con dos faenas de enorme técnica y suficiencia, peronuevamente mal rubricadas con los aceros, perdiéndose así un triunfo grande, que quedó en una solitaria vuelta al ruedo.
Como en la víspera, contó con el hándicap de los toros. Parece que en circunstancias así se crece y todavía aparenta mucho más. No hay dificultad para él, sino todo lo contrario. Porque Ponce es la difícil facilidad del toreo.