PEPE SANCHO VALENCIA
Despacio, lentamente, coqueto, entre el clamor de su entregada clientela, Julio Iglesias fue despojándose de su chaqueta, de su chaleco, de su corbata... y de su camisa, lo que arrancó un ¡ohhhhh! de entusiasmo en la plaza de toros. Un torso moreno y veterano desnudo que fue cubierto de inmediato con una capa por uno de los músicos. en un golpe efectista ensayado y repetido con el que el cantante cerraba su actuación tras dos horas de trabajo.
A lo largo y ancho de esos 120 minutos, Julio Iglesias hizo un canto a Valencia total que, como es sabido, supone un recurso infalible para llevarse el público adonde quiera. Hablo mucho y habló bien en esos monólogos que se montó entre sus músicas y canciones. Primero unificó a los españoles: "Por encima de las comunidades y diferencias lingüísticas hay un solo país que es España", y el público ovacionó con ganas porque la noche estaba pintada de azul.
Amor por la Comunitat. Después, mostró un desmesurado e impensable amor a Valencia y la Comunidad Valenciana, pese a que no siquiera hacia noche en ella y tras el concierto marchaba de aquí en su jet privado. Tal vez influyera el ostentoso regalo en metal que le hiciera Zaplana en sus tiempos de president, pero Julio aseguró que en toda su vida había visto una región ten próspera y progresiva como la valenciana en la actualidad, "pese a esta crisis de mierda", según palabras textuales.
Después aludió a las voces y cantantes valencianos, diciendo que en esta tierra hay artistas por todas partes, e hizo alusión a Nino Bravo, otro punto de atracción que no falla, dedicando a su memoria el tema Caruso, lo cual, dadas las limitaciones de voz de Julio, fue una osadía que Pavarotti hubiera sentenciado. "¡Amo a esta tierra!", repitió varias veces el cantante. Y el publicó clamó.
Julio Iglesias, nadie puede discutirlo, es un extraordinario profesional. Su espectáculo está cuidadísimo y pensadísimo, por lo que visualmente resulta perfecto. Una buena pareja de baile se marca el tango en un par de ellos que interpreta Iglesias, una preciosa chica del coro baila con bonitas piernas los temas de ritmo y canta a dúo con la mejor de ellas, a quien besa en los labios. "Creeréis que tengo algo con estas chicas, ¿no?", preguntó al público que respondió con un estruendoso ¡sííííí!. "Pues efectivamente. Yo soy quien las pago".
Un guión muy aprendido que las ocho mil personas asistentes, alguna de las cuales guardaban cola para entrar desde tres horas antes, celebraron aplaudiendo, ovacionando y coreando canciones archipopulares.
Cuando el jefe dio el visto bueno, el fuerte dispositivo de seguridad permitió a las fans su acercamiento al escenario, que fue masivo intentando rozar al ídolo. Y el espectáculo finalizó con ese "Me va, me va" tradicional entre el entusiasmo general.
Todo bien, pese a la fantochada previa que presentó la impresentable Yola Berrocal, telerreporterabasura, paseando sus ostentosos reciclajes por el ruedo... y el desprecio a la prensa por parte de la organización relegándola a un sector del tendido lateral donde nada podía verse.