ALBERT SOLER GIRONA
Muerto Alphonse Arcelin y con la esperanza que todos los delitos hayan prescrito, quizás va siendo hora de explicar que el asunto del "Negro de Banyoles" estalló porque hace 18 años un periodista de El Punto entró en un despacho del Ayuntamiento de Banyoles, vio un sobre encima de la mesa, lo abrió y leyó su contenido.
La carta era la primera que Arcelin había enviado al Ayuntamiento de Banyoles, consternado por la exhibición del cuerpo disecado de un africano y amenazando con iniciar un boicot a los Juegos Olímpicos de Barcelona, de los cuales Banyoles era la subsede de remo.
La noticia salió publicada y el resultado es que el negro del Darder hoy descansa en África. ¿Cómo puedo estar seguro de hechos tan graves? Porque, 18 años más viejo, aquel periodista es el mismo que ahora los está explicando.
En plena efervescencia preolímpica, el Ayuntamiento convocó una rueda de prensa, que se acabó retrasando mucho. Fui a dar una vuelta por el Ayuntamiento para saludar conocidos. Así entré en el despacho -no era el del alcalde, Joan Solana- y allá, en medio de una mesa oscura, completamente vacía, solitaria y llamativa, estaba la carta.
El sobre ya estaba abierto, no bien ya había sido leída por los responsables municipales. No demasiado extensa, escrita a mano pero con letra muy clara por Arcelin, explicaba que en una reciente visita había quedado sorprendido al ver un congénere -originario de Haití, Arcelin era también de raza negra- exhibido disecado como un animal, así que reclamaba la retirada del cuerpo o iniciaría los contactos oportunos por organizar un boicot de los países africanos a los Juegos Olímpicos. No fue difícil contactar con él desde la redacción.
Con todos los datos a la mano, faltaba sólo publicar la historia. Explicados los pormenores al jefe de sección, consideró que aquello no pasaba de ser una anécdota protagonizada por un alocado y que era mejor pensárselo bien y esperar antes de darle carácter de noticia. Yo mismo pensaba más o menos igual y, sobre todo, jugábamos con la ventaja que nadie se nos podía adelantar, puesto que ningún otro medio sabía nada de la carta ni de Arcelin. Gran error.
En aquella época El Punto y El País tenían un convenio de colaboración, que consistía a tener todo el día por la redacción a la corresponsal en Girona del diario madrileño, con permiso para chismorrearlo todo y publicar aquello que creía conveniente. Sea cómo sea, mientras yo -vencidas ya las reticencias- estaba escribiendo, la periodista de El País, pudo enterarse de todo y escribir también su artículo respecto a esto.
Quedará en las hemerotecas que dos diarios -qué casualidad- publicaron el mismo día la noticia del negro de Banyoles y el posible boicot a los Juegos Olímpicos. A partir de aquí el problema llegó a las altas instancias políticas y olímpicas. Arcelin sufrió campañas de desprestigio que lo afectaron gravemente.
Estamos hablando de una época sin Internet. Hoy tendría muy fácil Arcelin iniciar cualquier campaña, pero en 1991 si algún diario no se hubiera hecho eco, nada habría trascendido. Por esto siempre he sospechado que aquella carta estaba demasiado bien puesta como para que no lo hubiera colocado alguien del mismo Ayuntamiento.